Los legisladores Eduardo Petrini y Omar Abboud (PRO) impulsan un reconocimiento en la Legislatura.

La Congregación del Redentor (Iglesia Evangélica Luterana Unida), fundada el 27 de enero de 1924 en Simbrón y Cuenca, tiene casi un siglo de vida en Villa del Parque. Sus techos a dos aguas, su cruz de piedra, sus rejas blancas y su frente rosa pastel son más que una postal: este edificio de la Comuna 11 es la primera iglesia luterana donde se predicó y se dieron sacramentos en castellano en Sudamérica. Por su historia y legado, los legisladores Eduardo Petrini y Omar Abboud (PRO) impulsan un reconocimiento en la Legislatura. Quieren declararla de interés social y cultural (expediente 750-D-2016) a través de un texto que ahora se debate en la Comisión parlamentaria de Cultura.

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Un hombre que vino de lejos por un rumor

Las historias bisagra tienen protagonistas que mechan lo soñador, lo viajero y lo desafiante, de esos que hacen muchísimos kilómetros de esfuerzo hasta dar con su objetivo. Y esta historia no es la excepción. Todo empieza en el 900 en Filadelfia, con el reverendo Silas David Daugherty (1857-1939) con cara de asombro: un viajero le cuenta, al pasar, que alemanes, escandinavos y otras yerbas ligadas al luteranismo viven en Argentina, el sur del sur, desde mediados del siglo XIX. Silas teme que las nuevas generaciones criollas pierdan el legado de Martín Lutero (1483-1546), el teólogo de la Reforma. Prefiere tomar el riesgo, un par de bártulos y navegar los casi 8500 kilómetros que lo separan del Río de la Plata. Así se lo hace saber a sus superiores, hombres fuertes del luteranismo estadounidense.

En diciembre de 1908, sin hablar una palabra de castellano, ya pisa suelo porteño. Sabe que tiene mucho por delante, entonces dos veces al mes celebra el culto en inglés en la iglesia Smith Memorial de Belgrano. También viró por Caseros y empezó a rondar Villa del Parque: en julio de 1912 bautiza a la hija del matrimonio Hedvig Hessling, de ascendencia sueca y escocesa que vivía en Argerich 3674.

Son tiempos difíciles para el luterano de Filadelfia. Se cartea ida y vuelta con sus superiores, les pide dinero, dice que es necesario levantar “un hogar” con “marcas de permanencia”. La respuesta que llegó a manos de Silas poco tenía que ver con sus deseos: en 1912 tuvo que volver a Estados Unidos, sin haber levantado su templo porteño, dice un texto de Ricardo Pietrantonio, citado en los fundamentos del proyecto legislativo.

Nadie rezaba en castellano

Daugherty, desde la lejanía norteamericana, creó una sociedad luterana para América Latina, por la cual envió a Buenos Aires al reverendo Ceder, quien dejó a un lado la idea de hacer un templo castellano y fundó en 1917 la Iglesia Luterana Sueca porteña. Dos años más tarde levantó el Centro Social de Jóvenes Evangélicos de Villa del Parque. La buena noticia era la presencia luterana en la gran aldea; la mala: nadie rezaba en castellano, tal como postulaba la idea original.

Ceder enviudó y abandonó el proyecto. Entonces, en 1919 lo relevó el reverendo Eduardo H. Müller. Alquiló un local en Nazarre y Cuenca y luego levantó una capilla de madera en Pedro Lozano 3151, donde nació el Instituto Evangélico Americano.

La esquina adecuada

Tres años más tarde, vencido el alquiler, los luteranos deambularon un par cuadras con sus bártulos a cuestas y llegaron a Simbrón y Cuenca. Müller costeó la compra de esa esquina, que por aquel entonces era un baldío de vereda despejada con arbolitos bajos y un fondo enladrillado, a tono con el entorno arrabalero de aquel entonces.

Los luteranos compraron un lote extra para ampliar el altar. Era de madera con una cruz blanca, hacía juego con la nave central, amplia, iluminada por una araña de hierro. También se hicieron salones para la escuela dominical y la casa pastoral. En total, los luteranos invirtieron cerca de m$n 80 mil. Pusieron la piedra fundacional en mayo de 1923.

Una inauguración y un funeral

Al poco tiempo, el 22 de noviembre, falleció Müller. Aún así, su trabajo estaba hecho: había levantado el primer templo luterano de habla hispana en Latinoamérica. El deseo de Silas estaba cumplido.

El ayudante de Müller, reverendo Paul Machetzki, voceó a los superiores la novedad. Desde el norte llegó una comitiva que certificó el 27 de enero de 1924 a la iglesia de Villa del Parque.

“Un misionero lleno de fe”, reza la lápida de Silas, en el cementerio de Arlington, Filadelfia. Algo debían conocerlo quienes le dieron el último adiós a este remoto luterano que un día cualquiera hizo los bolsos y se aventuró a erigir un templo en el Río de la Plata. Con tintes bíblicos y un viaje odiséico, sus deseos se convirtieron en piedra, en cruz, en un legado que casi un siglo más tarde sigue en pie en el corazón de Villa del Parque; en la historia del luteranismo de habla hispana. Se puede decir que su misión, y la de sus continuadores, está cumplida.

Juan Castro
Redactor

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