Como en las calles de Montevideo, el Parque Centenario suena a candombe una vez por semana.

En el Parque Centenario, uno de los espacios cercanos al lago, se convierte en cualquier esquina de Montevideo. Eso pasa los domingos de tarde.

Es que los tambores dominan el espacio y su sonido ancestral atraviesa los cuerpos y las mentes de cualquiera que esté dispuesto a dejarse llevar.

Allí ensaya la comparsa Kimba con un plantel conformado por uruguayos y argentinos. Allí sea va tejiendo la fiesta del repique, del chico y el piano. Allí desfilan mama vieja, granillero y escobero, mueven sus cuerpos las bailarinas y las vedettes. Es una comparsa, es barrio, es tambor.

El argentino suele confundir murga con comparsa y las diferencias son claras, éste es el reino del tambor, acá hay reminiscencias de África, no hay bombo, platillo y redoblante, hay otros ritmos, otras temáticas, otras reivindicaciones.

El candombe se toca todo el año en las diversas barriadas de Montevideo, pero el punto más alto es el Desfile de Llamadas que se hace en el mes de Febrero por los barrios Sur y Palermo. Allí desfilan los mejores exponentes, con sus más destacadas galas y su notable sonoridad.

Para el que gusta de esto, para el uruguayo que añora su barrio, para el argentino admirador de la rica cultura de la otra orilla, cada domingo es una oportunidad de acercarse al menos a espiar esa fiesta de la cultura uruguaya en el Parque Centenario.

Aun cuando caiga la noche, los tambores seguirán sonando. Ya casi no quedará nadie en el parque, pero los sonidos quedarán flotando entre los árboles. Hasta que siete días después vuelvan a renacer desde las manos y los corazones de las tamborileros.

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