El mundo vive en estado de beligerancia. Se desatan guerras en todas partes y de las formas menos pensadas. Guerra del petróleo, del agua, de los misiles. Guerra de corporaciones, de medios, de redes sociales. En la ciudad de Buenos Aires y especialmente en la Comuna 11 sufrimos desde hace muchos años una guerra muy particular: La guerra de los plátanos.

La figura de Domingo Faustino Sarmiento corresponde a la de un prócer polémico. Sus dichos y su accionar han generado algunas de las páginas más controversiales de la historia argentina. Siendo presidente de la nación entre 1868 y 1874 tomó una decisión que en su momento no fue demasiado cuestionada, pero 150 años después merece el repudio de buena parte de los vecinos de la ciudad de Buenos Aires: Llenar el territorio porteño de Plátanos. En su afán forestador favoreció la plantación de Platanus Hispánica, un árbol que se ha ido transformando con el correr de los años en una maldición para los alérgicos, rango poblacional al que pertenezco. Es que el Plátano es una especie que produce una gran cantidad de polen, y cuando llega la primavera y en los colegios se entona el himno que reclama gratitud al “Padre del aula”, en las callecitas de la ciudad vuela de un lado a otro el polvillo maléfico que exacerba rinitis, sinusitis, conjuntivitis y asma en una porción importante de vecinos.

En Buenos Aires hay plantados alrededor de 370.000 árboles de los cuales un 10% son Platanus Hispánica (más de 35.000). Para desgracia de quienes vivimos en ella, la Comuna 11, la tercera más arbolada de la ciudad, tiene una alta proporción de estos especímenes, que son de rápido crecimiento, llegan a vivir más de 300 años y a medir más de 40 metros produciendo una sombra efectiva y amplia en toda la calle. El barrio de Villa Devoto es el segundo con mayor cantidad de plátanos en sus veredas, detrás de Palermo. La calle en que vivo en Villa del Parque está casi libre de estos árboles, pero alrededor, calles como Nazarre,  Campana, Baigorria, Santo Tomé y Arregui están colmadas de estos monumentos a la alergia, y sobre todo la Avenida Beiró que se ha constituido en una especie de Kosovo alergénico. Salir de casa en primavera implica trazar un recorrido previo que me lleve tratando de evitar las calles plagadas de enemigos. Busco sendas neutrales o amigables como Helguera, Nazca, Nogoyá, Melincué, Lamarca o Segurola además de cubrirme la nariz, la boca, los ojos y los oídos del polen apátrida que intenta invadirme. En los primeros días del mes de septiembre opté por salir a la calle con un pasamontaña que me cubría casi la totalidad de la cabeza, enseguida noté que mi apariencia conmovía a transeúntes y vecinos, muchos se me acercaban y pedían autógrafos, en un principio pensé que se solidarizaban con mi lucha, hasta que un vecino me palmeó preguntando ¿¡Decime cuál, cuál, cuál es tu nombre?! Y entonces me di cuenta de que mi combate contra los plátanos les importaba un pito y que me estaban confundiendo con Nicolás Repetto, el conductor del noticiero de Telefé. Al principio me resultó divertido pero luego me dio miedo que me viera alguno de esos periodistas generadores de pánico, me confundiera con un terrorista kurdo mapuche a sueldo de la corona británica y pidiera que alguna fuerza de seguridad me reprima. Así que, con resignación, me saqué la capucha y volví a mi natural andar cargado de mocos, toses y estornudos: ¡Achifff!

Yo sé que muchos de ustedes piensan que esta guerra contra los plátanos está pérdida de antemano, pero debo decirles que yo todavía no pierdo las esperanzas, que intuyo que la llave de la victoria está al alcance de la mano; que estoy seguro que la próxima primavera el Ministerio de Medio Ambiente de la Nación tomará cartas en el asunto y el rabino Bergman dejará de mirar sus televisores y finalmente se disfrazará de Platanus Hispanica, mostrando para beneplácito de toda la comunidad, su cara imperturbable en medio de las hojas dentadas y las bolitas peludas de color castaño que son emblemáticas de esta especie, dando inicio de una vez por todas a una campaña seria  de combate contra estos militantes vegetales que siembran el terror alérgico en la población.

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