En 2014 el café ubicado en Neuquén y Espinosa fue declarado Bar Notable. Sin embargo, es mucho más que eso: es un ícono del barrio.

Desde la geografía, el lugar parece extraño: allí donde deberían cruzarse cuatro esquinas, los cuatro puntos que surgen del encuentro entre calle que va y calle que viene, hay cinco. Sobra una, nació de la nada: es que el viejo Buzón está justo en la quinta esquina de un cruce improbable pero real en el que Neuquén se encuentra con Espinosa. Y ahí, en los encuentros, es donde radica el gran asunto del bar: El Viejo Buzón es un bar para encontrarse, un hito en el barrio.

No sólo por aquel buzón que vive en su esquina desde hace quién sabe cuánto tiempo, antes como medio de comunicación, ahora tan sólo como reliquia. Sino también por la gran sensibilidad cultural que ha desarrollado el bar: desde varias décadas, El Viejo Buzón funciona como punto de encuentro para músicos que quieren hacer sonar sus guitarras, hinchas de Ferro que brindaron por las victorias de Timoteo y aquellos mismos fanáticos que, cabizbajos en la mesa, reunidos en comunión, lloraron algún descenso. Porque, que quede claro: aunque el buzón de la puerta sea rojo, el bar es bien verdolaga. De hecho, su actual dueño, Felipe “Toto” Evangelista, hasta llegó a ser presidente el club de Caballito.

Y de allí surge otro link que, como todo lo mencionado, reúne barrio, vecinos y cultura: en los 80, en los albores de la vuelta de la democracia, el mismo Evangelista fue quien fundó una de las murgas del barrio, llamada Los Duendes de la Cortada. El que quiera visitar el bar, encontrará recuerdos de aquellos tiempos, entre tantas otras cosas: en una de sus paredes puede verse uno de los trajes que vistió la murga.

Si bien esa esquina emblemática, de eternos muchachos acodados al buzón, fue declarada de interés cultural en 1993, recién en 2014 el lugar recibió el honor de Bar Notable. Hoy, varias décadas después de su fundación y ahora convertido en un Café Pub, muchas cosas han cambiado. Ya no se toca la misma música, no se gritan los mismos goles. Pero hay algo que sigue igual: El Viejo Buzón es un sitio para encontrarse con amigos, con amores. O para pedir un café, cerrar los ojos y encontrarse con uno mismo.

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