Una biblioteca oculta en el barrio propone un viaje a otro tiempo, a la velocidad del tranvía.

“Siempre imaginé el mundo como una biblioteca” supo decir el más grande lector. Y habrá que creerle. Es que esa afirmación es aplicable a cualquier biblioteca. También es así para la que posee la Asociación Amigos del Tranvía, la “Federico Lacroze”, que lleva ese nombre en referencia a un pionero del transporte porteño.

El espacio, fundado en la primavera del año 1981, alberga una cantidad importante de libros, revistas folletos sobre el tema en cuestión. Pero es más que eso: hay además una hemeroteca, una fonoteca e incluso planos como los que buscaba Pratt, el memorable protagonista de Moebius.

La Biblioteca se encuentra en Thomson 502, justo en la esquina de Valle, muy cerca del lugar en el que el tranvía sale cada fin de semana para realizar sus paseos. Y allí, en el encuentro entre la máquina y el papel, en lo improbable de un medio de transporte como una propuesta cultural, surge una analogía: la Federico Lacroze, como las vías que movilizan a los Amigos del Tranvía, propone un viaje, ya no físico por las calles de caballito, sino mental, imaginario. Propone viajar, por un rato, a otro lugar, a otro momento.

En tiempos donde todo puede ser googleado, vale la pena entrar en otro mundo, quizá más lento pero más vivencial: un mundo en el que el visitante se pierde y no quiere volver, porque todo está ahí. Borges tenía razón.

 

HORARIO

Días hábiles de 10:00 a 18:00

(sólo permanece cerrada por vacaciones durante el mes de enero)

Teléfono (54-11) 4431-1073)

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