Cuando en 1815 George Stephenson inventó la máquina de tren a vapor en Inglaterra, el General San Martín era Gobernador Intendente de Cuyo y preparaba el Cruce de la Cordillera de Los Andes para iniciar su gesta libertadora. Con la estatización de los ferrocarriles argentinos, en 1949 la línea que recorría aquellos pagos tomó su nombre y aún lo conserva, esperando que a ningún gobierno se le ocurra cambiar los nombres de próceres en los trenes por el de algunas especies de la flora o fauna autóctonas.

El 19 de febrero de 2018, el Ministerio de Transporte de la Nación tiene prevista la apertura de sobres de la licitación de la obra que se encargará de la electrificación de la línea del Ferrocarril General San Martín. La obra tendrá una duración de 4 años y comprende además la renovación integral de vías, señalamiento y la renovación del material rodante entre otras. Su costo será de 520 millones de dólares, de los cuales el Estado aportará 120 millones inicialmente y el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) le otorgará un crédito por los 400 millones de dólares restantes, que luego la Nación deberá devolver. Se espera que la obra permita aumentar la frecuencia del servicio y reducir el tiempo del recorrido en un 20%.

El proyecto contempla la renovación del material rodante, aunque no en ésta licitación. Ya fue licitada la compra de 169 trenes eléctricos y su llegada  está prevista para el año 2020. ¿Qué será de la vida de los vagones estrenados en 2014? ¿Será imprescindible cambiarlos? Estas preguntas no resultan vanas si se tiene en cuenta que en los últimos años en la ciudad se han realizado una gran cantidad de obras, muchas de ellas innecesarias. Justamente es en el ferrocarril Gral. San Martín donde se ha desarrollado una obra emblemática en este sentido: La famosa “Cinta transportadora” en la vereda de la Estación Retiro, inaugurada en 2013, que estuvo en funcionamiento menos de 24 horas y luego se convirtió en un despojo de fierros inútiles hasta su erradicación hace un par de meses. Sólo la incapacidad y/o la corrupción pudieron justificar su realización.

La idea de electrificar la línea, creada en 1886, viene desde hace mucho tiempo. La empresa  inglesa “Buenos Aires al Pacífico”, a cargo del ferrocarril por aquel entonces, planteó la iniciativa  en 1907 y también en 1947, pero nunca la llevó a cabo. Luego en 1986, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se firmó un contrato entre Ferrocarriles Argentinos y la Empresa Estatal Soviética de ferrocarriles que proyectaba la electrificación de 120 kilómetros de vías entre Retiro y la ciudad de Mercedes, pero tanto la crisis económica que vivía la Argentina por aquellos años y la crisis política que atravesaba la Unión Soviética de Gorbachov fueron demorando el proyecto hasta hacerlo caer. En ese momento el costo estimado de la obra era de 170 millones de dólares, un tercio de lo que costará ahora.

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