Una muestra propone recorrer el concepto del artista catalán a través de sus obras.

Una de las grandes muestras del año en la Ciudad es la Joan Miró. Inaugurada a fines de octubre, la buena noticia para los que no la vieron es que va a durar hasta casi fines de febrero del año próximo.

En el Museo de Bellas Artes pueden verse cincuenta piezas pertenecientes al Museo Reina Sofía que incluyen esculturas, pinturas y dibujos y que se refieren al trabajo realizado por el gran pintor catalán en sus últimos veinte años de vida.

Miró, quien nació en Barcelona en 1893 y murió en Palma de Mallorca en 1983 (resulta curiosa la inversión de los números en las fechas) ya desde los años veinte  fue una figura de preponderancia en el ambiente, un vanguardista.

El artista declaró en 1959 que su intento,  que es lo que se ve en esta muestra, es que “las figuras parezcan más humanas y más vivas que si estuvieran representadas con todos los detalles”.

Adentrarse a la obra de Miró resulta interesante  para dejarse llevar y descubrir los símbolos que ella esconde. Para tal fin, en una de las salas aledañas hay una explicación para conocer esa simbología. Sin embargo, y paradójicamente, su obra invita ser vista sin adentrarse en complejidades. Simplemente hay que sumergirse en ella, sin prejuicios, dejándose llevar. Si se puede, aunque parezca una verdad de perogrullo, no habría que ir el fin de semana ya que tanta gente quita espacio a la obra.

Se vaya cuando se vaya, las formas y colores están a la vista: sólo hace falta mirar.

Museo Nacional de Bellas Artes.  Av del Libertador 1473. Hasta el 25 de febrero de 2018.

Horarios: martes a viernes, de 11 a 20hs y sábados y domingos de 10 a 20hs.

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