En la novela “El señor de los anillos”, el anillo representaba un poder oscuro que seducía y condenaba a la sumisión a quien lo poseyera. Los escándalos sucesivos que han envuelto en los últimos años al Comité Olímpico Internacional cuyo emblema son nada menos que 5 anillos, representativos de cada continente, pueden transformarse en una metáfora de la obra de Tolkien.

Entre el 6 y el 18 de octubre de 2018 se llevarán a cabo en la ciudad de Buenos Aires los 3º Juegos Olímpicos de la Juventud, una competencia deportiva que involucra a 206 países y 32 deportes, con la participación de 3998 atletas de 15 a 18 años, repartidos, por primera vez en la historia de un juego olímpico, en igual cantidad de hombres y mujeres.

La ciudad ganó el derecho a organizar este evento en 2013, dejando en el camino a las ciudades de Medellín, Glasgow, Guadalajara y Rotterdam. La organización contará con 4 sedes en el distrito: Villa Soldati (donde se realizarán la mayoría de las actividades), Puerto Madero, Palermo y Parque Saavedra y tres sedes adicionales en el conurbano: Tecnópolis (Villa Martelli), San Isidro y Bella Vista, aunque estas dos últimas previstas para Vela y Golf no están aún confirmadas.

Si bien los Juegos de la Juventud son una versión bastante más modesta que un juego Olímpico y necesitan mucha menos infraestructura, la ciudad se comprometió a realizar tres obras de envergadura en Villa Soldati; La Villa Olímpica con 1036 unidades de vivienda, el Centro Olímpico donde se realizarán buena parte de las competencias y el techado del Estadio Mary Terán de Weiss. El presupuesto pautado originalmente fue de 130 millones de dólares pero a un año de iniciarse esta cifra ya se transformó en 450 millones de dólares y algunos entendidos comienzan a especular que la cifra final superaría los 600 millones. Un manejo turbio, acorde a los antecedentes de los juegos organizados por el COI, en los que, normalmente,  el costo final supera largamente el presupuesto original. Lo que termina siendo una estafa para los contribuyentes de las ciudades “beneficiadas” con ser sede del evento.

A esta oscuridad presupuestaria se suman las paradojas del proceso licitatorio y las empresas adjudicatarias de las obras en el Parque Olímpico, entre las que se cuentan buena parte del elenco estable de empresas contratistas de los Estados Nacional y Porteño como Dycasa, Salvatori, Niro SA o Conorvial. También Criba SA y Bricons, aportantes a la campaña de Cambiemos en 2015 se encuentran entre las beneficiadas con contratos para las obras olímpicas que multiplican generosamente lo aportado. Tampoco resulta extraño encontrar entre las empresas adjudicatarias a la siempre presente SES SA, de Nicolás Caputo, amigo y socio del Presidente de la Nación.

Existe la promesa de que al finalizar el evento las viviendas se destinarán a cubrir el déficit habitacional de personas en estado de vulnerabilidad social. Es de esperar que esto ocurra y que no terminen siendo un negocio inmobiliario para amigos del poder o que se constituyan en barrios fantasmas como ha ocurrido en la mayoría de las ciudades sedes de Juegos Olímpicos.

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