Febrero es el mes del carnaval en el Río de la Plata, mientras en Montevideo se ha desatado la polémica porque la murga uruguaya más reconocida, FALTA Y RESTO, acorde a los tiempos que corren, incorporará a 7 mujeres para su espectáculo “Misa Murguera”; en Buenos Aires se preparan más de treinta corsos para vestir de fiesta a la ciudad en el segundo mes del año 2018.

Allá por 1920 el carnaval comienzó a cambiar en la ciudad de Buenos Aires, hasta esos años cada colectividad mantenía su fiesta, los negros en San Telmo, los italianos en La Boca, los judíos en Palermo sur y los árabes en el Once. Pero a partir de esa época la identidad barrial comenzó a primar sobre la identidad étnica, con la aparición de las murgas constituidas por una veintena de amigos del barrio que salían a cantar canciones picarescas y bailar por las calles vestidos con disfraces caseros de arpillera, así surgieron murgas como “Salamín senza piolita”, “Los Amantes de la Castaña” o “Los Farristas”.

Con el correr de los años 40 las identidades barriales de las murgas estaban completamente definidas. Se habián estandarizado ciertos patrones tomados de las diferentes colectividades: Los paso de baile de los negros, el bombo y el platillo de los inmigrantes españoles, los vestidos brillantes de las comparsas italianas. Se desfilaba detrás de un estandarte, y se habían agregado ciertos disfraces especiales como los cabezudos, los osos carolinas o los arlequines. Ese proceso de identidad barrial se terminará de arraigar en las últimas décadas del siglo XX con la aparición de los barrios en el nombre de cada murga: “Los Cometas de Boedo”, “Los Mocosos de Liniers”, “Los Curdelas de Saavedra” o “Los Viciosos de Almagro”. También para esa época se consolidaron los bailes multitudinarios en los clubes, siendo el del Club Comunicaciones uno de los tres más importantes de la ciudad. Pero también en la última mitad del siglo XX comienzan las censuras y proscripciones hacia los festejos del Carnaval, fundamentalmente de la mano de las dictaduras militares que no toleraban ni los disfraces, ni las canciones subidas de tono, ni la sátira política del contenido de muchas de las canciones. Esta persecución a la fiesta popular llegó a su máxima expresión durante la última dictadura militar que logró erradicar completamente la fiesta de Carnaval  del escenario porteño. El daño fue tal que llevó varios años de democracia poder retomar los festejos. Recién a fines de los años 80 recomenzó la actividad carnavalera y dentro de ese largo proceso de recuperación en el año año 1997 se logró que el gobierno porteño declarara a la actividad del Carnaval como Patrimonio Cultural. Finalmente luego de varios años de lucha de diferentes organizaciones barriales se logró que en el año 2004 se volvieran a reconocer los días lunes y martes Feriados de Carnaval.

Este año el carnaval porteño dará inicio el sábado 3 de febrero y se extenderá durante todos los fines de semana del mes, incluyendo al lunes 12 y martes 13, declarados feriados. Participarán del evento más de 100 murgas entre las que se encuentran “Los Pitucos de Villa del Parque y Devoto”,  “Atrevidos por Costumbre”, “Los Cachafaces de Colegiales” y “Los Atacados por la Santa Risa”. Se espera superar la cifra de un millón y medio de espectadores del año 2017.

Una treintena de barrios  podrán disfrutar de los tradicionales corsos a partir de las 19 horas. En la Comuna 11 y alrededores tendremos fiesta en Nazca y Alvarez Jonte, Beiró y Desaguadero, Donato Alvarez y Cucha Cucha, Mosconi y Bolivia, y sobre todo el tradicional CORSO PITUCO en la Plaza Aristóbulo del Valle en Villa del Parque que se desarrollará los dias 10, 11 y 12 de febrero.

Así que vecinos ya saben: “Si decimos que viene el carnaval, hay que apretar el pomo”

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