En muchas culturas ancestrales sacarse fotos era considerado un sacrilegio, ya que se pensaba que además de la imagen externa de cada persona, la cámara se quedaba con lo esencial de los fotografiados. La máquina fotográfica le robaba el alma a aquellos que inocentemente se dejaban capturar por ella. Los tiempos han cambiado pero no la intención de robar la imagen y la esencia de los seres humanos.

El correr de los años fue produciendo cambios sustanciales en la organización de la sociedad. El siglo XXI es tenido por el siglo de la imagen, la comunicación y la información, estas áreas son consideradas los recursos más valiosos en el orden social y económico vigente.

Las ciudades más grandes del mundo han ido instalando en los ámbitos públicos, sistemas de acceso libre y “gratuito” a WIFI, así en plazas, aeropuertos, museos y hospitales los ciudadanos pueden tener acceso a internet.  Los usuarios creen que no pagan, pero pagan y muy caro esos minutos de comunicación. Primero porque el servicio se mantiene con el dinero público que surge de los impuestos que ellos pagan y después porque para acceder a la web en esas instancias deben dejar sus datos y dar conformidad a un contrato que por su extensión normalmente no es leído (la famosa letra chica).

En la ciudad de Buenos Aires, se estima que unos 500.000 dispositivos se conectan a la red móvil de WIFI. Particularmente en el Subterráneo de la Ciudad, el usuario debe entregarle a la empresa (SBASE)  sus datos personales: Nombre y Apellido, Género, DNI, CUIT/CUIL, Nacionalidad, Mail, Contraseña, Pregunta Secreta, Teléfono, Dirección y Código Postal.             También  a partir de la aceptación de los términos y condiciones la empresa puede disponer de la imagen, la voz y la ubicación física de todos los que utilizan el servicio y puede linquear sus redes sociales y saber con quienes se comunican diariamente.

La SBASE no se hace responsable del uso correcto de la conexión, es decir que si en el transcurso del viaje, el usuario sufre el robo de su celular y el ladrón realiza, mientras está bajo tierra, algún tipo de extorsión o secuestro virtual con el aparato, la que deberá responder por la maniobra delictiva es la desprevenida víctima del robo. Además la empresa no garantiza la privacidad de los datos solicitados y se reserva el derecho de usar la imagen y la voz de los usuarios en campañas publicitarias denegando al afectado el derecho a solicitar pago, contraprestación o indemnización. Es decir que cualquiera que se haya conectado a internet en el subte puede aparecer en algún momento una campaña publicitaria junto al Jefe de Gobierno y no recibir nada a cambio, y/o sus datos y ubicación geográfica pueden ser cedidos a cualquier empresa o institución estatal (AFIP, Policia, etc).

Dice el saber popular que hecha la ley; hecha la trampa y que lo barato sale caro. En la Ciudad de Buenos Aires hecha la web hecha la trampa y lo gratis también sale caro.

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