Históricamente, las casas de Caballito han sido elegidas por importantes personalidades de la cultura.

Cuando uno camina por las calles de su barrio  puede tener la fantasía de encontrarse con algún famoso. Es que el porteño, a diferencia del montevideano, es cholulo. Suele contar Julio Bocca, quien vive del otro lado del río, que allá nadie lo para y camina como uno más entre la gente. Acá sería impensable.

Vecinos ilustres de Caballito hay muchos y de toda clase. Escritores, ex presidentes (tal el caso de Frondizi en el pasaje Balcarce) o deportistas.

Entre los artistas se puede mencionar a Baldomero Fernández Moreno, aquel de “70 balcones y ninguna flor”, versos inspirados en el edificio de la calle Rivadavia 5896.

Si de deportistas hablamos, Oscar Alfredo Gálvez también fue vecino: según afirmó en su momento en la recientemente desaparecida revista El Gráfico, su familia se mudó a Caballito en 1916 al nacer su hermano Juan.

Rosanna Falasca, la cantante de tango, una verdadera estrella de la canción fallecida muy joven, también fue vecina del barrio en la calle Acoyte. Lo mismo que Evangelina Salazar, antes de ser la mujer de Palito Ortega, quien vivió en la calle Méndez de Andes.

Hace pocos días, al conocerse la muerte de la periodista y legisladora porteña Débora Pérez Volpin, se supo que también era vecina del barrio y solía caminar por sus calles.

En Caballito no es tan difícil encontrar al Coco Sily comprando facturas, al periodista Clemente Cancela tomando un café en El coleccionista o a Daniel Hendler caminado tranquilo.

Entonces no resulta extraño transitar los parques, los bares y las calles y pensar  ”a ese lo conozco de la tele” o “ese es un actor famoso”. Entre cientos de desconocidos siempre puede aparecer alguien que nos llame la atención.

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