El sábado 21 de abril decenas y decenas de jóvenes se acercaron al centro del barrio para conocer a sus ídolos.

-¿Qué hacen tantos jóvenes acá?-preguntó una señora rubia a su marido.

-Seguro deben regalar algo, es raro tanto movimiento en esta cuadra.

Esa conversación y muchas otras similares ocurrieron el sábado 21 de abril cerca del Parque Rivadavia.

Lo que no sabía la pareja de mantuvo ese diálogo es que los jóvenes que hacían cola en la calle Campichuelo esperaban encontrarse con sus ídolos, los youtubers uruguayos Dosogas. Mucho menos sabían que estas estrellas adolescentes tienen casi cinco millones y medio de seguidores en su canal de Youtube.

Quizá la reacción menos deseable sea pensar que tantos jóvenes pierden el tiempo con dos jóvenes como ellos, que no saben hacer nada, en lugar de entender que algo está pasando y probablemente haya razones de identificación con lo que ven en sus computadoras o en sus teléfonos.

Dosogas, al igual  que muchos youtubers que han proliferado últimamente, es el emergente de un momento histórico en el que pibes comunes han encontrado esta forma de comunicar. 

¿Pero qué comunican los youtubers? La respuesta es amplia. Pueden llamar a la diversión como Dosogas o pueden contar historias que incluso luego deriven en libros, tal el caso de Rubius, o primariamente pueden ser escritores, como Dross.

Se puede disentir con el fenómeno, lo que no se puede es negarlo. No sólo lo demuestra la cantidad de suscriptores de los youtubers sino la gente que los sigue en cada evento. Para muestra sirve lo que ocurrió cerca del Parque Rivadavia unos sábados atrás.

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