Desde la Biblioteca Nacional hasta las mesas del Parque Rivadavia: el ajedrez sigue teniendo su lugar en la ciudad.

No está muy claro el origen del ajedrez pero parece hay que remontarse  a la India. Desde allí se diseminó por el mundo, pero fue en Europa que adquirió las reglas con las que se juega en la actualidad.

Argentina es un país con tradición en el juego y con grandes jugadores a lo largo de historia. Recientemente en la Biblioteca Nacional se llevó a cabo una muestra que recorre la historia del ajedrez de esta tierra que incluyó la exhibición de objetos, obras de arte y piezas de colección.

Borges o Martínez Estrada han hecho referencia al ajedrez en sus textos y otros escritores han sido grandes ajedrecistas como Rodolfo Walsh o Abelardo Castillo. Pero no es esta la única forma de adentrarse en este universo que cabe en un tablero, ya que se juega en muchos clubes, plazas y casas.

En el Parque Rivadavia, al costado de los puestos de libros, hay muchas mesas en las que todas las tardes una cantidad importante de aficionados se reúnen a jugar, siempre con un puñado de curiosos parados alrededor que “adelantan” o “analizan” la próxima jugada. Es común ver a los jugadores casi en la penumbra ya entrada la noche, concentrados en cada jugada como si fueran Bobby Fischer, aquel flaco estadounidense que murió a los 64, un número idéntico a las casillas en las que se mueven las piezas en las mesas del parque o en todos los tableros del mundo.

También, si uno se viste de curioso, puede escuchar conversaciones en las que se hace referencia a grandes partidas de la historia, a cómo hacer un jaque mate o a grandes maestros como Oscar Panno.

Todo resulta pintoresco en ese corredor que va de Rosario a Rivadavia: los puestos de libros, los chicos corriendo atrás de la pelota, los jóvenes comiendo una hamburguesa o los vecinos apurados para tomar el subte. La idea es no pasar de largo sin mirar. La cita es todo los días. Las mesas están servidas.

 

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