Si bien desde el inicio de los tiempos hubo ciudades sitiadas por fuerzas invasoras, desde el sitio de Canaan por parte de los egipcios en el siglo 25 antes de Cristo, pasando por Troya, Tiro, Anatolia, Jerusalem, Constantinopla, Montevideo, hasta el extenso sitio de Stalingrado por las fuerzas alemanas en la 2ª Guerra Mundial, nunca sucedió en la historia que un Intendente sitiara a un sector de la ciudad bajo su gobierno, como sucede con el barrio de Villa del Parque desde hace más de un año.

Hace ya un año y medio que comenzaron las obras para realizar el paso subterráneo de la avenida Nazca bajo las vías del Ferrocarril Gral. San Martín, el famoso “Mega túnel” de casi 600 metros, el más extenso de toda la ciudad de Buenos Aires. La  decisión de hacer un paso bajo tierra en un lugar donde las vías del tren están un metro por debajo de la línea de superficie de la avenida Nazca en sus cruces con las calles Nogoyá y Pedro Lozano, obligó a hacer un túnel más profundo que lo habitual. No están claras las razones por las cuales se optó por realizar una obra faraónica en lugar de construir un puente que, aprovechando el relieve del terreno, hubiera demandado casi la mitad de extensión, tiempo y dinero para su concreción.  Lo que sí está claro para los vecinos del barrio es que a partir de esos días transitar por las calles del vecindario se ha vuelto un calvario. Camiones de gran porte y colectivos atascados cada vez que quieren doblar en una calle, la calle Nogoyá convertida en un embudo, cinco y seis cuadras de cola de automóviles esperando para cruzar las vías del tren en la calle Campana son una muestra cotidiana de la situación. A  este desbarajuste constante se sumó otra “Mega obra”, la del viaducto del Ferrocarril San Martín, que accidente mediante, ha convertido a la estación de Villa del Parque en la terminal del servicio de trenes por un año o más, recibiendo todos los días un caudal de pasajeros para el que no está preparada. Cada vez que llega un tren en hora pico se produce un choque de flujos humanos en el puente y la escalera central, dando la impresión que en cualquier momento va a explotar el alambre tejido que los recubre y un ramillete de cuerpos se esparcirá por las terrazas del barrio.

A esto hay que sumarle el servicio de micros que intenta suplantar parcialmente  el recorrido del ferrocarril. Una voluminosa flota de nuevos colectivos que se suma al caos ya existente, intentando escapar a los embotellamientos por calles aledañas cada vez más alejadas a la estación (Por ejemplo: Emilio Lamarca). Para colmo el servicio no da abasto en los horarios centrales y tampoco les soluciona el problema a los usuarios del tren a Retiro, ya que sólo llegan hasta Palermo.

Como frutilla del postre hay que añadir la brillante idea de los encargados de obras públicas del distrito, que decidieron realizar obras (la mayoría innecesarias) en las calles Campana, Cuenca, Nazarre, Llavallol y Santo Tomé cortando el tránsito en dichas arterias y añadiendo más caos al caos ya existente. Si además tenemos en cuenta los cortes viales que realizan los vecinos por los constantes cortes de luz que sufrimos en la zona, podremos concluir que Villa del Parque es hoy un barrio sitiado, y FMI mediante, esta condición amenaza con extenderse durante varios años. ¿Estaremos dispuestos a soportarlo o cortaremos las calles para que dejen de cortar?

Fermin de la Serna
Miembro de ®Climax Ediciones

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