La iniciativa reunió en 2014 a más de 600.000 vecinos. Ahora, en el mundial de Rusia, sigue siendo un éxito.

Ver los partidos de cada Mundial es un rito que atraviesa a futboleros y no futboleros, a niños y adultos, a hombres y mujeres.  Un rito que compartido es mucho mejor. Y si se comparte con mucha gente, lo es mucho más.

Eso es lo que ocurre con todos los partidos tanto en el Anfiteatro del Parque Centenario como en la Plaza San Martín en Retiro. En ambos lugares se puede ver todo el Mundial de forma gratuita. La iniciativa, que comenzó desde el pitazo inicial y durará hasta que la pelota deje de rodar, forma parte de una iniciativa que se desarrolla en más de 30 ciudades de todo el mundo. En ese sentido, Buenos Aires es vanguardia: el objetivo es devolverle el espacio público a los vecinos para un fin noble: la alegría.

Ambas pantallas gigantes se encuentran en un punto estratégico de la ciudad: tanto Plaza San Martín como Parque Centenario son núcleos fundamentales de circulación de gente y dos sitios realmente accesibles para llegar desde cualquier punto de la ciudad.

El ingreso al Anfiteatro ya da la sensación de cancha. Carteles multicolores, vendedores y el ingreso por una pasarela son todos ingredientes que ayudan a ir entrando en ritmo.

Una vez instalados, el sonido y la imagen son impecables.  Y se sabe: siempre tomamos posición, muchas veces por el más débil. También, más allá de los partidos de Argentina, hay comunidades de distintos países que se juntan para alentar a su equipo. Es más: en el mundial del 2014, la que fue la primera experiencia de la iniciativa, fueron 600.000 las personas, de todas las nacionalidades, que se acercaron.

Los cantos, el colorido, niños y no tan niños con sus caras pintadas (a la entrada del predio está la posibilidad de hacerlo) demuestran clima del Mundial.

El frío puede ser una contra y hay quien prefiere verlo en un sillón en la casa. Pero la pantalla gigante y el ambiente que se genera es incomparable,

Cuando todo termina y se atraviesa el parque o se toman unos mates a la vera del lago queda la sensación de haber vivido algo bien distinto.

 

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