Humberto Flores es su creador, un trabajador del estacionamiento ubicado en Campichuelo 240, que guarda uno de los secretos más interesantes del barrio.

Hay secretos en el barrio de Caballito que, naturalmente, no están a la vista. Algunos porque no miramos para arriba, otros porque no reparamos en los detalles y otros porque están en lugares privados al que solo acceden algunos.

Tal el caso del garage de la calle Campichuelo 240, cerca del Parque Centenario. El espacio, que tiene salida también por la calle  Eleodora Lobos, además de cobijar autos alberga… murales.

Son obras de grandes dimensiones con diversas temáticas: una carrera de autos, un tranvía, un salón de baile.

El autor es Humberto Flores, aun antiguo trabajador del estacionamiento.

Murales hay en toda la Ciudad, muchos de ellos a la vista. Por citar algunos casos, cerca del puente Pueyrredón, está el mural denominado “El regreso de Quinquela”.  Cerca del lugar hay otra obra destacable: “Pedro Luján junto a su perro” de Martín Ron.

En la Avenida 9 de Julio está el “David”, un retrato hecho por el cubano Jorge Rodríguez Gerada. En el barrio de San Telmo, un boccato di cardinale para los que buscan rarezas urbanísticas, en la Avenida Independencia, hay un retrato  de un hombre con escafandra escapando del apocalipsis.

Este tipo de obras existen en todos los barrios. La Boca en los últimos años se ha convertido en un sitio de murales.

Pero el caso del espacio de la calle Campichuelo es diferente porque es un lugar que no está a la vista de todos.

Los estacionamientos son iguales en todos lados, lugares grises, muchas veces descuidados, con nada interesante para ver, salvo para a quien le gusten los autos y quiera detenerse en verlos. Este es la excepción: un garage artístico.

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