Con la obra en su tramo final, el cierre de la cárcel de Devoto expone una disputa entre planificación urbana, intereses económicos y promesas incumplidas.
La cárcel de Devoto lleva más de un siglo observando el barrio. O el barrio observando a la cárcel. Vio pasar gobiernos, crisis económicas, cambios urbanos y generaciones enteras de vecinos. Mientras alrededor crecían edificios, se abrían comercios y cambiaban las costumbres, el penal permanecía inmóvil detrás de sus muros. Una presencia constante.
Ahora, después de décadas de anuncios y proyectos inconclusos, su traslado parece entrar en una etapa decisiva. El próximo 30 de junio debería finalizar la construcción del nuevo Complejo Penitenciario Federal VIII en Marcos Paz. Si los plazos vuelven a cumplirse, durante el segundo semestre comenzaría el traslado gradual de los detenidos alojados actualmente en Devoto.
La promesa no es nueva. Durante años el cierre de la cárcel formó parte de anuncios políticos que nunca terminaron de concretarse. Las disputas entre el Gobierno nacional y la Ciudad durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta paralizaron cualquier avance. Más tarde, las tensiones entre Jorge Macri y el Ministerio de Seguridad nacional tampoco ayudaron a acelerar los tiempos. Recién la necesidad de descomprimir, tras una sucesión de fugas de detenidos, terminó empujando un acuerdo.
Ese acuerdo tiene un punto central. La construcción del nuevo complejo penitenciario dentro del predio federal de Marcos Paz. La obra, ejecutada por la empresa CRIBA S.A., demandó una inversión cercana a los 97 mil millones de pesos financiados por el Estado nacional.
Inicialmente debía estar terminada antes del otoño. Sin embargo, las demoras obligaron a otorgar nuevas prórrogas. La fecha límite quedó fijada para fines de junio.
Los números permiten dimensionar la magnitud del proyecto. El complejo ocupará unas 80 hectáreas y tendrá capacidad para alojar 2.240 internos. Contará con cuatro unidades penitenciarias, áreas de salud, espacios educativos, gimnasios, sectores para visitas, salas de videoconferencia, talleres de capacitación laboral y zonas destinadas a actividades productivas. También se previeron canchas de fútbol y espacios para huertas dentro de módulos de alojamiento organizados en sectores independientes.
A comienzos de mayo, durante una reunión con vecinos en el Club Allende, Jorge Macri volvió a referirse al tema. Según explicó, dos pabellones ya se encuentran terminados y otros dos presentan un avance cercano al 95 por ciento. Sobre esa base, el jefe de Gobierno sostuvo que en los próximos meses podrían comenzar los primeros traslados de detenidos.
Actualmente la cárcel de Devoto alberga alrededor de 1.300 personas. Según el razonamiento oficial, la habilitación parcial del nuevo complejo sería suficiente para iniciar el vaciamiento progresivo del penal porteño.
Sin embargo, entre los vecinos la pregunta más importante ya no tiene que ver con los presos sino con el terreno que quedará detrás.
La cárcel ocupa una manzana completa en una de las zonas más cotizadas del noroeste porteño. Durante décadas, la proximidad del penal funcionó como una anomalía urbana dentro de un barrio asociado a calles arboladas, casas bajas y algunos de los valores inmobiliarios más altos de la ciudad.
La propiedad pertenece al Estado nacional. Una vez concluido el traslado de los detenidos, los terrenos pasarán a la órbita de la Agencia de Administración de Bienes del Estado. A partir de allí se abrirá una discusión que combina urbanismo, negocios inmobiliarios y planificación pública.
Una de las posibilidades es la venta mediante subasta. Otra alternativa contempla algún tipo de cesión o acuerdo con la Ciudad. Ninguna decisión fue formalizada hasta el momento.
Detrás de esa incertidumbre aparece una disputa silenciosa. El valor de esa tierra es enorme. Lo saben los desarrolladores inmobiliarios, lo saben los funcionarios y lo saben los vecinos.
En Devoto hay quienes imaginan un gran parque público. Otros piensan en equipamiento comunitario, escuelas o espacios culturales. También están quienes observan con preocupación la posibilidad de que el predio termine convertido en un nuevo desarrollo inmobiliario de gran escala.
Por ahora solo hay una certeza. Después de más de cien años, la cárcel de Devoto se prepara para abandonar el barrio. Lo que todavía nadie puede responder es qué ocupará el lugar de esos muros cuando finalmente desaparezcan.