Por Eduardo de la Serna
Julio es el mes de la Patria, el de la Independencia Argentina. Festejémosla porque no se sabe cuánto más va a durar. En esta época, en la que sobrevuela el mundo la idea de que los estados nacionales están sobrando; el gobierno de Javier Milei quiere ser el primero en convertir a su país en un territorio entregado a las empresas multinacionales y hace un enorme ejercicio de genuflexión para lograrlo cuanto antes. Este mes de celebración celeste y blanca es también el mes en que se juega el Mundial de fútbol de América del Norte, el más grande de la historia. Cuarenta y ocho selecciones de diversos lugares del planeta que ya dejaron de ser delegaciones deportivas representando a sus respectivos países para transformarse en piezas de ese gran negocio en que se ha convertido el deporte mundial. Lo cultural, lo social, lo lúdico, lo humano, ya no importa, lo único que interesa son las mercaderías que el evento puede ayudar a comprar y vender. El fútbol es una muestra cabal de la sociedad ultra mercantilizada en la que vivimos. Sólo hace falta ver la importancia que ha adquirido la cotización de los jugadores. Ya no importa su valor deportivo, importa su precio. Esta red tecnológica en la que vivimos está cosificando a los seres humanos a una velocidad vertiginosa. Una muestra acabada de ello es la repugnante publicidad con la que la empresa Mercado Libre inundó los partidos del Mundial sin que nadie dijera nada al respecto. Incluso participaron de ella los entrenadores del equipo argentino sin hacer ninguna objeción ante la evidente falta de ética del aviso en cuestión, en el que se muestra a un hombre sentado sobre una cinta transportadora, gritando entre medio de unas cajas mientras una voz dice: “Acaba de llegar el primer hincha argentino entregado por Mercado libre”. Un ser humano entregado como se entrega cualquier mercadería, una campera, un jarrón, una licuadora, una cosa. No es chiste. Este es el plan de estos mega empresarios tecnológicos que están dominando el planeta, como Marcos Galperín, el hombre más rico de la Argentina, quien se fue a vivir a Uruguay para no pagar impuestos en su país pese que amasó su fortuna gracias a ser beneficiado por cuantiosos subsidios estatales que aquí se le concedieron, o como el norteamericano Peter Thiel, el dueño de Palantir, quien se instaló en la ciudad de Buenos Aires y a quien el gobierno argentino le ha ofrecido el oro y el moro además de un paquete de leyes a su medida como el Super RIGI, la ley de inviolabilidad de la propiedad privada y la ley de “Sociedades sin dueños”, para que venga a instalar aquí un polo de centros de datos de su empresa especializada en el uso de Inteligencia Artificial en cuestiones de seguridad. Instalaciones que necesitan tanta agua y energía para funcionar que en unos pocos años pueden hacer tambalear todas las reservas del país en esas materias. Una entrega absoluta de recursos y soberanía a cambio de nada o lo que es peor; menos que nada, ya que por unos pocos puestos de trabajo generan un desastre socio ambiental a su alrededor. La transformación de los argentinos en conejitos de indias de un experimento destinado a la destrucción de la sociedad humana, la conversión del Estado Nacional, en un conglomerado empresario regido por la Inteligencia Artificial. Un mes atrás el Papa León XIV, en su encíclica MAGNÍFICA HUMANIDAD salió al cruce de esta oligarquía tecnocrática que nos gobierna desde las sombras señalando que hay que «desarmar la IA» para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Le dedicó también un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan al progreso como la superación de los límites de lo humano. Por último, en este mes de la independencia argentina, no puedo dejar de recordar que el canciller argentino Pablo Quirno, ex empleado de la banca JP Morgan, a poco de asumir su cargo y asistir a un programa periodístico en el canal América Noticias, confesó públicamente ante la sociedad en que consiste su tarea “Estamos yendo con la valijita a vender la Argentina” dijo con orgullo y sin ponerse colorado. Como si un país, sus habitantes, su cultura, su territorio, fuese un objeto de mercado que se compra y se vende ¿Por cuánto están vendiendo a nuestra Nación los funcionarios de Milei? ¿Quién se está quedando con los ingresos de esa venta? ¿Qué comisión se están llevando los vendedores de la Argentina? ¿El 3% o mucho más? Estamos al borde del precipicio y eso no se tapa con la cascada de Adorni. No falta mucho para que el juramento de los nuevos funcionarios públicos deje de lado esas boberías de “…desempeñar el cargo con lealtad y patriotismo, de jurar por la Constitución, Dios, la Patria o los Santos Evangelios” y sea reemplazado por una fórmula más pragmática y adecuada a estos tiempos modernos y antiguos a la vez, por ejemplo: Juráis desempeñar vuestro cargo con sumisión, obsecuencia y espíritu de rapiña. Si así no lo hicierais, que el Mercado os lo demande.