Actriz y figura clave en la redacción de leyes históricas como la de Identidad de Género. En esta charla, recorre sus inicios entre Salta y Buenos Aires, marcados por una búsqueda profunda de identidad. Reflexiona sobre el arte como espacio de resistencia y la importancia de sostener los derechos conseguidos. Una voz que invita a trascender las etiquetas para crecer como seres humanos.
Por Fermín de la Serna
¿Qué recuerdos tenés de tu infancia en relación al barrio donde creciste?
Yo estuve dividida en dos barrios. Uno donde me crió la patrona de mi mamá, una señora, y los fines de semana donde vivía mi mamá, en otro barrio de otra clase social. Estoy dividida por esas dos barreras ¿no? La pobreza y la clase media alta; entre el centro de Salta y el barrio 20 de Febrero.
Del centro me queda el olor a facturas y al pan caliente de las mañanas, el aroma de la leche chocolatada con vainillas. También me acuerdo de la cancha de Juventud Antoniana, a una cuadra y media de donde me crié, escuchar los bombos, los gritos de gol y ver las luces prendidas.
En el 20 de Febrero, donde iba los fines de semana, recuerdo a los niños que jugaban en la vereda. No me hacían partícipe, pero yo sentía esa energía de contemplarlos en esa pobreza. Me acuerdo de los baldíos con basura, donde veías que la pobreza se extendía. Al lado de la pensión donde alquilaba mi mamá había una chatarrería con ratas y botellas; la gente del barrio iba ahí a entregar botellas de sidra después de las fiestas para ganarse unos pesos. Esos recuerdos me llevan a encontrarme conmigo misma ¿no?, a ser como quería ser, ya que pasaba mucho tiempo sola y los fines de semana se me hacían eternos.

El desafío es sostener y proteger los derechos obtenidos, dejando memoria para que la lucha nunca se olvide
Naciste en Salta y a los 18 años decidiste irte a Buenos Aires. ¿Cómo recordás ese momento y de qué manera marcó tu camino artístico y militante?
Lo recuerdo como una parte decisiva de mi vida ¿no? En aquel momento no se tomaba en cuenta la identidad y, sobre todo, estábamos muy perjudicadas en el tema de nuestros derechos. Siempre viví esa situación compleja de intentar encontrarme en este camino sin tener las herramientas de identidad necesarias; por lo tanto, tuve que pelearlas.
Pero la parte más importante fue la decisión de venir a Buenos Aires, que fue una apuesta tanto artística como de identidad. Necesitaba desarrollarme desde mi proceso creativo, porque me sentía interpelada por eso.
Tu trayectoria combina actuación, dramaturgia, activismo y formación en diversidad. ¿Cómo dialogan todas esas dimensiones?
Dialogan de manera transversal y política, removiendo las historias de muchas compañeras y personas de la diversidad LGTBIQ+ que me interpelan ¿no? Es una combinación que fluye de forma diversa y, aunque a veces no tomo dimensión de todo lo que pasa, mis pensamientos, el activismo y la docencia dialogan constantemente en mi cabeza.
Todo eso sale de forma espontánea y fluye en mi cuerpo, es el reflejo del camino que vamos recorriendo todas nosotras ¿no? Es una manera compleja de expresarlo, pero se resume en lo que una decide ser en la vida y en el hecho de luchar por esa identidad, que en mi caso es ser Daniela.
Fuiste parte de procesos históricos como la redacción de las leyes de Matrimonio Igualitario y de Identidad de Género en Argentina. ¿Qué significó para vos participar de esas conquistas?
Participar de procesos como el Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género y el Cupo Laboral fue un trabajo de crecimiento personal y de un profundo entendimiento de la lucha. Me permitió vincularme con compañeras de todas las provincias, dialogar y comprender sus realidades.
Fue muy movilizador volver a esos lugares años después y encontrarme con realidades transformadas por el reconocimiento de la identidad ¿no?, el acceso a derechos y la legitimidad legal para que parejas gays y lésbicas tengan sus familias y sus hijes.
Cuando militábamos todo esto, no teníamos dimensión de lo que iba a pasar. Me siento agradecida y bendecida por haber transitado este camino y poder palpar hoy, de manera tangible, esos logros. Me reconozco en una situación de privilegio que a muchas personas de mi comunidad, que militaron y ya no están, les hubiera gustado vivir. Yo tuve la oportunidad de vivir el proceso y de gozar de esos derechos, y por eso me siento muy agradecida.
En la presentación de la novela «Cristina rebelde del Perú» hiciste la lectura en el papel de Cristina ¿Cómo fue encarnar esa voz y qué te generó ese cruce entre literatura, escena y música?
Encarnar a Cristina fue un proceso creativo fascinante que me permitió descubrir las realidades de las compañeras migrantes en el sur global, ¿no? Intentar comprender la vivencia de una persona racializada y trans con una mirada distinta a la mía me desafió a crear nuevos colores, formas y dinámicas.
Fue un compromiso muy importante porque sentía que representaba a muchas compañeras que verán este trabajo en el futuro.
Venís sosteniendo una trayectoria muy comprometida con el arte trans y los derechos humanos. ¿Qué desafíos y horizontes ves hoy para las nuevas generaciones?
Para las próximas generaciones, el desafío fundamental en los campos artístico y político es sostener, afianzar y garantizar los derechos que supimos conseguir, ¿no? No me gusta hablar de ‘conquista’, prefiero decir que los conseguimos y que ahora debemos protegerlos en todas sus formas.
Un punto clave es la memoria, dejar reflejado todo lo que se hizo para que no se olvide la lucha detrás de cada derecho alcanzado. En lo artístico, mi horizonte es que en algún momento dejemos de etiquetarnos por el género. Creo que vamos a trascender y a crecer como seres humanos, repensando el lugar político de nuestras identidades. Es vital que el arte siga visibilizando estas realidades y que quienes las viven hoy encuentren sus propias palabras para seguir sosteniendo este camino, ¿no? Ese es, para mí, el gran desafío.