«Disfruto de los personajes que me dan, aún siendo la más mala de todas»


La actriz argentina de larga trayectoria nos cuenta sobre la infancia en su barrio, el trabajo en televisión y teatro y cómo es su vida en cuarentena.

¿Cómo fue tu infancia en relación al barrio donde naciste?

Yo nací en el barrio de Congreso, en Ayacucho y Bartolomé Mitre. Ahí viví hasta los cinco años, pero me acuerdo muchísimo porque había una iglesia altísima donde iba con mis abuelos. Era una gran salida ya que después íbamos a los cines del microcentro. Después nos mudamos al barrio de Belgrano y ahí visitábamos mucho el Museo Larreta, con esos jardines hermosos y esos interiores impresionantes. Y el final de mi infancia lo pase en Madrid por el trabajo de mi papa, en el barrio de Salamanca, ahí en plena Calle de Alcalá, frente al Parque del Retiro. Eso sí, los veranos todos en Mar del Plata, me depositaban el 15 de diciembre y me venían a buscar el 15 de marzo.

¿Cómo comenzaste con tu carrera?

Actuar siempre estuvo en mí aunque de niña quería ser azafata. Se fue haciendo mi profesión con el tiempo, no me estaba dando cuenta y los trabajos iban apareciendo. Me acuerdo que hice el test vocacional y me daba que podía dedicarme a la medicina, a la psicología, al dibujo y también a la actuación. Pero mientras trabajaba de otras cosas y recién a los 36 años empecé a solo vivir de la interpretación y de las caleses de teatro.

El año pasado regresaste a la pantalla de Canal Trece con «Argentina: tierra de amor y venganza» para interpretar a Serafina ¿Qué disfrutaste de ese papel y que no?

Estuve un año sin hacer televisión por que en el 2018 hice “El violinista en el tejado” el musical. Y es muy exhaustivo, muy riguroso y no te dan los tiempos para hacer muchas otras cosas. Y en el 2019 volví a la pantalla con «Argentina: tierra de amor y venganza» y con la productora Polka que desde hacía ya más de nueve años que no trabajaba con ellos y fue un rencuentro constante con los directores, los técnicos, los empleados y hasta los chicos de limpieza que eran casi los mismos.
Se armó un grupo hermoso de trabajo donde uno de los autores, Leandro Calderone, escribía todo a mi medida y eso es muy gratificante por que los personajes me calzan justo y me permiten jugar y proponer constantemente. La historia que se contaba y el éxito que tuvo fue maravilloso. La respuesta de la gente había despertado una nostalgia buena con Seferina porque les recordaba a sus madres y a sus abuelas y todo el tiempo me lo hacían notar. Después obviamente lo que no me gusto fue la muerte de mi personaje, me dio mucha pena, pero entendí que era necesario para ese momento de la historia. Igual grabar la escena de la muerte estuvo bueno, morir arriba de un escenario siempre tiene su épica. En “La leona” me morí un capitulo antes del final, o en “Soy gitano” morí un mes antes para poder empezar hacer la preproducción de “Padre Coraje”, acá lamentablemente me quedé a mitad de camino.
 
¿Qué te genera todo lo que está pasando con la pandemia?

Una gran inquietud, me estoy descubriendo a mí misma. Igual creo que se están haciendo las cosas correctamente a pesar de todo este desconcierto y que abrimos el paraguas antes de la catástrofe. Por suerte no nos despertamos un día en medio del horror con el agua al cuello. Mi sobrina es enfermera y saber que sale todos los días a hacer ese trabajo con los riesgos que corre no solo ella sino todo el personal médico para atajar esta pandemia me enorgullece. También me genera mucha incertidumbre la gente que no está entendiendo y que sale a la calle porque sí. Quédense en sus casas y mejor no sigo hablando de esto porque me pongo drástica.

¿Qué personas te inspiran para seguir creando?

Mis viejos siempre me han inspirado. Siempre ellos me dieron un guiño y les encantaba lo que hacía. Acordaban con mis elecciones, con mis formas y siempre me alentaron en todo. Algunas veces que me metí en algún trabajo que tanto no me gustaba, fueron pocas veces por suerte, ellos me apoyaron. El público también me inspira porque ofrezco algo que me da placer y ellos me lo haces saber, me paran por la calle y se toman un minuto de sus vidas para comentarlo. Disfruto de los personajes que me dan, aun siendo la más mala de todas. Los colegas sensibles y generosos también me inspiran.

¿Cuál es tu relación con las redes sociales y la virtualidad? ¿Tenes alguna anécdota personal que te hizo replantear tu utilización de la tecnología?

En twiter que me hizo una noche comiendo Nicolás Vásquez suelo comentar algunas cosas, pero intento no hacerlo mucho porque generalmente estoy velada por la bronca. Mi Instagram me lo hizo Yoyi Francella en el 2017 y no le encontraba la gracia, pero ahora mi entretenimiento es la fotografía y subo algunas. Recién ahora con la cuarentena hice vivos de reportajes y me ponía re nerviosa como antes de entrenar una obra o peor.  
Hace muchos años atrás estaban haciendo un programa de televisión que te renuevan toda la casa y le había tocado a una chica en Israel. Esa persona era muy fanática de mi personaje en “Casi Angeles” y me pidieron un masajito en video para saludarla y salió por todos lados. Y se veía el interior de mi casa y yo me sentí mal. Ahora es re común ver la casa de uno atrás de todas las videollamadas, pero en ese momento me sentí rara mostrando mi intimidad. Me acuerdo que a mi abuela le trajeron el contestador automático a su casa y ella dijo que no le pensaba hablar a una máquina. Ahora es lo más normal.

¿Cómo musicalizarías un viaje en auto a Mar del plata?

Viaje mucho a Mar del Plata, en diferentes épocas de mi vida. Yo siempre fui una compradora compulsiva de cd, me eh gastado sueldos enteros. Me gusta abrir la caja y el librito, tenerlo físicamente. En una época me armaba mi propia selección de temas y es ahí donde tengo un montón de compilados que dicen “Arriba” o “Tranquilos” y así los dividía. Depende el tramo te musicalizo distinto, Spinetta, Serrat, Led Zeppelin, The Beatles pueden sonar y también soy muy fanática de Paco de Lucía.

Por Fermín De la Serna