Entre Colegiales y Chacarita se formó la mirada de un cineasta que encuentra en lo cotidiano su materia prima. Con “Puerto Deseado”, retrata la historia de un excombatiente de Malvinas desde el presente y la intimidad familiar, y proyecta nuevos trabajos donde lo colectivo, el ritual y lo utópico siguen marcando el pulso de su cine.
¿En qué barrio creciste y cómo crees que tu infancia y entorno influyeron en tu sensibilidad como cineasta?
Crecí entre Colegiales y Chacarita. Mi vieja vive en Colegiales y también iba al colegio en ese barrio. Mi viejo en Chacarita, a pasos del Cementerio.
Cuando mis viejos se separaron era muy chico y todo mi entorno transcurría en Colegiales, un barrio de casas bajas, familias y jubilados. Atravesar “la frontera” entre los dos barrios implicó un cambio en mi percepción infantil de la ciudad. Chacarita era muy diferente de lo que es ahora. Mucho más fabril, una zona de paso donde confluían el tren y muchos colectivos. Algo caótico. Y también más marginal. Todavía me acuerdo lo característico que eran los kioskos y bares al paso que tenía la estación de Federico Lacroze y la comunidad de trabajadoras sexuales que hacían base en el paredón del cementerio de Jorge Newbery.
Todo eso me amplió el panorama de lo que es una ciudad y sus habitantes.
Mi formación en primaria y secundaria fue en colegios religiosos, de curas y monjas respectivamente. Eso me influyó, y lo sigue haciendo todavía, para acercarme a una historia y documentarla. Trato de hacerlo con el respeto de una ceremonia religiosa y encontrar algo ritual en cualquier momento de la vida de las personas.
El poder de los relatos y la importancia de los sacrificios que tiene la religión es algo que se te queda pegado cuando lo escuchas de muy chico. Inevitablemente te marcan como persona y ni que hablar si te dedicas a contar historias.
«Filmar es mi manera de acercarme a mundos lejanos y volverlos parte de mi vida»
Juan Bugarin
“Puerto Deseado” se sumerge en la vida de Marcelo, un excombatiente de Malvinas que busca plantar una bandera argentina en las islas tras décadas. ¿Qué fue lo que te tocó de su historia y te llevó a contarla?
En primera instancia me impactó el personaje. La historia de guerra que tenía detrás y la importancia histórica/cultural para el país que tenía esa guerra. Me gustaba mucho el desafío de contar esa historia pero desde el presente, pensar en el formato del documental sin recurrir a archivos ni entrevistas. Era algo lúdico que el propio Marcelo también quería hacer y ser parte.
Con el correr del tiempo (la producción de la película duró 7 años) y fui teniendo más relación con los hijos de Marcelo. Y me motivaba mucho ver si el documental llegaba a registrar las marcas de esa guerra generación tras generación.
Contaste que los rodajes eran ‘tensos, cortos, impredecibles y caóticos’. ¿Podés compartir una anécdota que refleje esa intensidad, y qué rol cumplió ese clima en la construcción del documental?
La mayor tensión estaba en la familia de Marcelo. Sobre todo con su pareja que estaban en un proceso de separación (que luego terminó en divorcio) y eso , yo sin saberlo al comienzo, marcó la dinámica familiar que se ve en el documental. Tal vez con silencios, falta de diálogo o casi nunca compartir el mismo “escenario” cuando filmábamos.
Por otro lado, creo que estructuró mucho, y a la vez fue un aprendizaje para mi , la idea de llevar la embarcación de Marcelo al agua.
Yo desde el comienzo insistía con que filmemos con la lancha en movimiento pero por distintas razones nunca lo lográbamos. Eso me frustraba y sentía que trababa el proceso de la película. Pero cuando comencé a dialogar más con la familia de Marcelo y a filmar con ellos me di cuenta que el corazón de la peli estaba en esos vínculos y no en lo que sucedería con la embarcación. Además de que pude visualizar la potencia que tenía un lancha atascada en la casa de un veterano de guerra y la constante imposibilidad de viajar.
¿Qué proyectos tenés en camino? ¿Qué puntos de conexión encontrás entre tu primer película y tu próximo proyecto?
Ahora tengo un cortometraje de ficción en postproducción y estoy desarrollando un largometraje documental para filmar en Carmen de Patagones. Este último sobre una experiencia chamánica en un hospital psiquiátrico hace mucho tiempo.
Algunos de los puntos de conexión que encuentro tienen que ver con lo colectivo o comunitario. Ya sea por ausencia o por presencia aparece en los personajes retratados el vínculo que tienen con la sociedad y la necesidad de trabajar esos vínculos.
También hay algo de lo utópico que me gusta explorar. Ideas (a veces extravagantes) que tienen esas personas para mejorar su situación o la de su entorno.
¿Qué artistas te potencian la creatividad hoy en día?
Siempre me gusta escuchar que tiene para decir Lucrecia Martel , ver las películas de Leonardo Favio, Herzog, PT Anderson, Cassavetes.
Me gusta el cine de género como el de Jordan Peele, Ari Aster y Denis Villeneuve.
También encuentro potencia creativa leyendo no ficción como Leila Guerriero o Pedro Lemebel.
Y la verdad que hace 3 años que nació mi hija y desde entonces veo menos películas. Pero potenció una creatividad inesperada y más activa. El contacto con la infancia te mueve a ser más artista, cantar, ser payaso, actuar, bailar…
Los procesos creativos son largos y complejos ¿Que te impulsa a contar historias?
Hacer documentales me obliga a salir de mi casa y hablar con gente que no conozco. Conocer y acercarme a mundos y realidades muy lejanos al mío. Me divierte y emociona encontrar narrativa cinematográfica en la vida cotidiana de gente que apenas conozco.
También es una gran excusa para hacerme amigos y trabajar con personas que admiro y quiero.