La comunidad intensifica su reclamo por un espacio verde y social en el predio que dejará libre el histórico penal.

En diciembre de 2024, el Gobierno de la Ciudad reanudó formalmente las obras del Centro Penitenciario Federal VII en Marcos Paz, un predio de más de 80 hectáreas que permitirá relocalizar a los detenidos alojados en la cárcel de Devoto. Según datos oficiales, el complejo presenta un avance superior al 80% y se prevé que esté operativo durante el primer cuatrimestre de 2026, momento en el que se concretaría el traslado de alrededor de 1.500 internos hacia una prisión con capacidad para aproximadamente 2.200 personas.

El anuncio del cierre definitivo del penal se dio tras un nuevo acuerdo entre el Gobierno nacional y el porteño, poniendo fin a un proceso que se inició hace ocho años. En 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, se firmó un convenio con el entonces ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, que ya contemplaba no sólo la construcción del nuevo penal, sino también una futura “urbanización” del predio de Devoto, con edificios en el 35% de la superficie y espacio público en el resto. Sin embargo, ese proyecto nunca avanzó en la Legislatura y quedó inconcluso.

Hoy, el foco de la discusión se traslada al destino de las tierras que ocupa la cárcel: un predio de unas 4,5 hectáreas, altamente cotizado por el mercado inmobiliario. Las tierras pertenecen al Estado nacional y podrían ser incluidas en el listado de bienes públicos que el Gobierno viene vendiendo a través de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), aunque también está sobre la mesa la posibilidad de que sean transferidas a la Ciudad como parte de pago por las obras realizadas en Marcos Paz y el traslado de los detenidos.

El antecedente más cercano alimenta las preocupaciones vecinales. En 2024, la AABE vendió un predio de tamaño similar en la Ciudad por 127 millones de dólares, correspondiente a un ex terreno del Ejército en Palermo, adquirido por el empresario Eduardo Costantini para desarrollar un complejo inmobiliario. Si bien Villa Devoto no tiene los valores de Palermo, el barrio viene creciendo como plaza atractiva para desarrolladores, lo que refuerza el temor a un avance de torres y cemento sobre el predio.

Desde el punto de vista normativo, el terreno está actualmente catalogado en el Código Urbanístico como “Distrito de Urbanización Futura”, una figura que no habilita construcciones concretas, pero deja abierta la puerta a distintos proyectos. Para definir qué puede hacerse allí, será necesario que la Legislatura porteña apruebe una rezonificación específica que establezca usos, alturas y capacidad constructiva para el predio delimitado por las calles Bermúdez, Nogoyá, Desaguadero y Pedro Lozano. Desde el GCBA confirmaron que ese proyecto recién será enviado una vez que se cierre definitivamente el convenio de traspaso con Nación.

Mientras tanto, los vecinos organizados redoblan la presión para que el terreno sea destinado íntegramente a un parque público. En la Legislatura ya existen proyectos en ese sentido, como el presentado por el colectivo Devoto Unido, que propone cambiar la actual catalogación por la de “Urbanización Parque” y crear el “Parque Devoto”, un espacio verde de acceso libre y gratuito. El proyecto contempla conservar y poner en valor tres estructuras existentes: el histórico tanque de agua, un pabellón de ingreso sobre la calle Bermúdez y el Pabellón Séptimo, que sería preservado como sitio de memoria.

El reclamo incluye además un fuerte componente simbólico y de derechos humanos. Familiares de las 65 víctimas de la Masacre del Pabellón Séptimo, ocurrida el 14 de marzo de 1978, exigen que ese espacio sea resguardado como lugar de memoria. La reciente condena a los responsables de la represión volvió a poner en primer plano el pasado del penal y refuerza la idea de que el destino del predio no puede pensarse únicamente en términos económicos.

En los fundamentos del proyecto vecinal, se advierte que el parque es una necesidad urgente para el barrio frente al aumento de la densidad constructiva, la reducción del suelo absorbente, la tala de árboles y la pérdida de espacios verdes públicos. También alertan sobre la sustitución del patrimonio histórico y cultural por desarrollos especulativos sin identidad, un proceso que amenaza el carácter barrial de Villa Devoto.

Con el traslado cada vez más cerca, el futuro de la cárcel de Devoto entra en una etapa decisiva. La discusión que se abre no es sólo urbanística, sino profundamente política y simbólica: definir si el predio se convertirá en una nueva oportunidad de negocio inmobiliario o en un espacio público que combine verde, memoria y vida comunitaria.