Por Eduardo de la Serna

Los campos de exterminio nazi tenían en su portón de entrada un cartel que decía: EL TRABAJO LIBERA. Es bueno recordar que en esos templos del horror fueron asesinados millones de seres humanos. También vale la pena prestar atención a la palabra libertad utilizada como Caballo de Troya de las peores miserias y a la palabra trabajo, usada para enmascarar la esclavitud, un estigma que nos acompaña desde el inicio de los tiempos. La idea de disponer de la vida de los otros sobrevive en nuestro inconsciente. Una vocación de dominio y poder que toma múltiples formas, desde las más edulcoradas como las de los “influencers” hasta las más abyectas como las de los torturadores, y que desgraciadamente parece no tener fin. ¿Qué es el trabajo? Una actividad física o intelectual, realizada por una persona con una finalidad determinada, para beneficio propio y/o ajeno. Si el beneficio es propio hablamos de cuentapropismo, si es propio y ajeno al mismo tiempo hablamos de trabajo remunerado, si la ganancia es sólo ajena hablamos de esclavitud. Por supuesto ésta es una clasificación simplificada que tiene múltiples grises intermedios. Si tomamos el caso del trabajo remunerado  es lógico preguntarse ¿Por qué una persona que no interviene en la actividad realizada se queda con una parte importante de los beneficios obtenidos sin hacer nada?  La respuesta es simple: Porque habiendo dos factores básicos de la producción: El Trabajo y el Capital, vivimos dentro de un sistema Capitalista que premia a aquellos que tienen riquezas acumuladas y/o heredadas por sobre aquellos que trabajan. Si viviéramos en un sistema Trabajista que distribuyera las riquezas en función de la calidad y la cantidad de trabajo que realiza cada individuo, nadie se vería beneficiado por el esfuerzo ajeno y todos tendríamos aquello que nos merecemos. Nadie vendría al mundo condenado a la riqueza o la pobreza como sucede hoy ¿Por qué aceptamos un sistema íntimamente injusto como el capitalismo? ¿Por qué no proponemos cambiarlo por otro más justo?  Si trabajadores somos la mayoría de los habitantes del mundo ¿Cómo es posible que unos pocos multimillonarios se terminen quedando con el fruto del esfuerzo de esa mayoría? Quizá una de las razones principales radique en la pérdida del sentido de pertenencia a la clase trabajadora que se ha acelerado en los últimos años. Romper la unidad y la conciencia de clase de los trabajadores es una tarea histórica de los poderosos, La demonización constante de los sindicatos, las luchas sindicales y de todos aquellos que breguen por una distribución más justa de las riquezas ha existido siempre, pero ahora, la omnipresencia tecnológica la ha vuelto mucho más difícil de contrarrestar. El trabajador cuentapropista pretende ser considerado como un empresario. El trabajador esclavo apenas  pretende ser considerado un ser humano y a la mayoría de los trabajadores asalariados los han ido convenciendo de que la salida es individual y que cualquier lucha contra el poder está perdida antes de empezar. Todos somos trabajadores pero pocos se consideran como tales y están dispuestos a pelear por sus derechos. Luego de la última huelga general realizada en Argentina en abril de 2025, el grupo Clarín publicó: “El paro le costó al país más de 500 millones de dólares”, mientras que el grupo La Nación afirmó: “Se estima que las pérdidas producidas por la última huelga general alcanzan los 900 millones de dólares”. Más allá de la considerable y llamativa  diferencia entre las cifras publicadas por estos dos grandes grupos económicos, sobresale el objetivo de demonizar las luchas gremiales. Intentan desacreditar la huelga, porque saben que es el instrumento más efectivo que tienen los trabajadores para defender sus condiciones laborales. Sin embargo no hacen más que valorizarla, y dejar al desnudo el saqueo del que son víctimas los asalariados ya que cualquier persona que tome a alguna de estas cifras como cierta  puede pensar: “¡Cuánta riqueza generan los trabajadores! ¡Qué importantes son!” y tras cartón preguntarse “¿Si son tan importantes porqué cobran sueldos tan bajos? ¿Acaso no deberían tener una mejor remuneración? ¿Quién se está llevando esos 500 ó 900 millones si no se los llevan los trabajadores que los generaron?“ En estos tiempos en que el gobierno argentino, pretende imponer una Reforma laboral que hace retroceder las relaciones entre patrones y empleados a épocas previas a la Revolución Francesa, desde estas líneas proponemos a nuestros legisladores que los cambios que se hagan tomen como idea principal lo que se establece en el artículo 14 bis de nuestra Constitución Nacional que garantiza no sólo  múltiples derechos para la clase trabajadora sino también la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas  Quizá sólo de esta manera podamos creer que esta reforma puede mejorar la vida de los laburantes. Quizá sólo de esta manera podamos pensar que el trabajo es una acción liberadora de los seres humanos y no una herramienta para su explotación.