Durante buena parte del siglo XX la educación tuvo en el sufrimiento un pilar fundamental. La idea de que todo éxito se sostiene en una serie de fracasos previos y que el aprendizaje es un proceso cargado de frustraciones en el que se avanza en base a paciencia y constancia estaba instalada en la sociedad.

Poner límites era parte constitutiva de la enseñanza y si bien la prueba y el error siguen formando parte del avance del conocimiento humano, se ha generado una nueva matriz educativa que apunta más al gozar que al sufrir.  Aquella frase popular que decía “La letra con sangre entra” se ha transformado en “La letra con juegos entra” y está bien que así sea. Pero este nuevo criterio, aplicado de manera exacerbada,  ha generado, a su vez, una nueva problemática; la de una generación de adolescentes y jóvenes que se deprimen ante cualquier fracaso, conocida como “Generación de cristal”. Está claro que este conflicto es fundamentalmente percibido en las clases medias y altas de la sociedad, ya que las infancias humildes viven en un contexto de sufrimiento económico y social cotidiano del que solo pueden escapar excepcionalmente.  Su conflictividad suele expresarse de manera diferente. El sufrimiento también es parte del análisis político. Simplificando podríamos decir que el pensamiento de derecha, cree que una sociedad debe sostenerse con el esfuerzo y el sufrimiento de las clases bajas y desposeídas., así como la izquierda promueve que las crisis económicas sean pagadas por los poderosos y las clases altas. Según el intelectual y artista plástico Daniel Santoro, habría una tercera posición peronista que habla de goce para todos, en contraposición  al sacrificio austero que promueve la izquierda que pide pan para los pobres o el hambre que la derecha quiere imponer a los humildes. Una visión un tanto naif que parece suponer un mundo de riquezas ilimitadas sin disputas de intereses. El economista liberal Carlos Rodríguez, uno de los mentores menemistas y asesor económico de Javier Milei, dijo sobre el futuro de la Argentina;  que los trabajadores y los desocupados deberán sufrir como si estuvieran en una guerra a la que son enviados por los poderosos de turno. Si bien el triunfo de Milei en las elecciones se basó en un núcleo duro de votantes, varones, jóvenes, de clase media y alta, es indudable que su prédica violenta y de cambios drásticos tuvo una aceptación transversal en la sociedad argentina. Por esto muchos se preguntan si sus jóvenes votantes se deprimirán ante los primeros fracasos que aparezcan en la gestión o si por el contrario se convertirán en una horda fanática para policial. Otra duda que aparece en las redes es la del tiro en el pié ¿Por qué las clases bajas y medias bajas decidieron darle su voto a un personaje que promete medidas que las afectarán directamente? Difícilmente haya un solo factor incidiendo en esa conducta. Posiblemente no sea sólo el hartazgo, el odio, la incomprensión o la desesperación. Es probable que se trate de una sumatoria de factores. En las redes sociales circula un mensaje: “Yo vi a los árboles votar por las motosierras” en alusión a los humildes que votaron por quienes proponen descargar el ajuste sobre ellos. Una visión facilista que intenta endilgar a los pobres el peso de la derrota. Quizá el mensaje debió ser: “Yo vi durante años a los sojeros hablarles a los árboles sobre los beneficios de la motosierra”. Porque nadie puede desconocer que desde  hace mucho tiempo hay en los medios de comunicación una constante prédica anti política. No es raro entonces que un candidato que habla de castigar a la Casta política casi como único argumento de campaña, tenga éxito. En un país (y un mundo) en el que la Casta financiera, la Casta empresarial y la Casta judicial son mucho más poderosas y siniestras que los sectores políticos que mal o bien son los únicos que se someten a elecciones populares, hablar de la Casta política como la responsable de todos los males es una mentira repetida que sólo le conviene a unos pocos. Hoy, esto es muy fácil de ver. El que iba a combatir a la Casta, inicia su gobierno rodeado de toda la Casta y con el Messi de la Casta financiera al mando de la economía. El mismo que endeudó al país por un siglo y permitió la fuga de capitales de todos sus amigos. El que decía que era imposible realizar cambios con los mismos de siempre, el que hizo la campaña gritando ¡La casta tiene miedo! Ahora comprende que la vida no se resuelve con slogans, que las castas no tienen miedos, tienen medios y los usan constantemente para ejercer el poder. Las que sí tienen miedo son las personas comunes que intentan preparase para sufrir lo menos posible ante el desastre que se avecina.

Eduardo de la Serna