En la edición pasada señalamos 4 motivos que contribuyeron a generar las condiciones que motivaron la decisión suicida del pueblo argentino de elegir presidente a Javier Milei. Continuaremos con la enumeración.
- El Descreimiento potenciado. La habitual falta de credibilidad que genera la actividad política partidaria se multiplicó en estas elecciones por la falta de credibilidad que generaba el candidato de la “antipolítica”, Javier Milei. Se dio el absurdo de que muchos votaron a Milei por lo que, suponían, ¡No iba a hacer! en lugar de elegirlo por lo que decía que iba a hacer. “Eso no lo va a hacer” fue la frase de los últimos meses. Una negación colectiva como pocas veces se ha visto. Un berretín de comprarse el último modelo, sin analizar detenidamente si es mejor o peor que el viejo. Hasta acá, salvo cortarse los brazos, el presidente parece dispuesto a concretar todo lo que prometió en campaña y muchos votantes pensaron que no iba a hacer.
- La nada que perder. Desde hace muchos años los gobiernos ignoran o soslayan el crecimiento del trabajo informal. La aparición del sistema de Monotributo en 1998 y la creación del Régimen del Personal de Casas Particulares de 2013 han sido un avance. Pero esas iniciativas no son suficientes, apenas una gota en el desierto. No ha habido políticas claras y constantes en función de contener, incorporar y dotar de beneficios sociales a esta masa trabajadora que no tiene derechos laborales, ni vacaciones, ni aguinaldos, ni bonos, ni nada que se le parezca. Constituyen el 50% de la fuerza laboral, pero los funcionarios sólo parecen tener ojos y oídos para los trabajadores formales sindicalizados. Esa enorme y diversa masa de trabajadores informales está desorganizada, a la deriva y es presa fácil de discursos individualistas, meritocráticos y violentos. No tienen derechos que perder, pero nadie supo explicarles que la gran recesión que propone el gobierno arrasará con su precariedad para transformarla en la peor miseria.
- El odio. Antes del balotaje, Pablo Avelluto, ex ministro de Macri, expresó su arrepentimiento por haber consumido la droga del antiperonismo durante mucho tiempo, pero la mayoría de los votantes de Juntos por el Cambio no piensan como él y siguen presos de ese odio irracional. Otro tanto ocurre con un vasto sector de los Libertarios, en perjuicio del socialismo. “Los socialistas son excremento” sentenció en varias oportunidades el actual presidente, quien parece moverse como pez en las aguas turbias del insulto. Perón murió hace 50 años, pero el Peronismo acaba de consagrarse como la opción más votada en la primera ronda de las elecciones con el 37% de los votos. Carlos Marx fue contemporáneo de Juan Bautista Alberdi, murió hace 140 años, pero sus ideas siguen siendo motivo de estudio y análisis en todas las Universidades de Economía, Filosofía y Sociología del mundo. Sin embargo, la derecha argentina los sigue odiando como si estuvieran vivos y no dejan de imaginar que el exterminio de sus ideas y simpatizantes está a la vuelta de la esquina. Una visión distorsionada de la realidad en la cual el suicidio colectivo puede ser considerado como una opción preferible al fracaso personal.
- La desilusión con el sistema democrático y republicano. Un desencanto que va más allá de los dirigentes políticos. Muchas elecciones para muy pocas esperanzas concretadas. Con un poder ejecutivo condicionado para tomar decisiones en favor de la mayoría, un poder legislativo trabado en burocracias de palacio y escasa discusión de ideas, y un poder judicial nefasto, enamorado del poder y no de la justicia.
Casi dos tercios de la población argentina no vivió la última dictadura militar. No tienen una vivencia personal de lo que significa un régimen autoritario. Han vivido en una situación económica declinante en los últimos 10 años y, acostumbrados al ritmo vertiginoso de la vida moderna, eso les parece una eternidad. La frase “No sé lo que quiero, pero lo quiero ya” se ajusta perfectamente a la elección de Javier Milei prometiendo una solución delirante, violenta y, sobre todo; veloz.
Todas las alertas acerca de futuro catastrófico que se avecina, fueron en vano. Ahora el monstruo está suelto, sólo ve negocios en su camino. Desprecia la vida humana ¿Quién le pondrá el cascabel al engendro?
Eduardo de la Serna