El miércoles 28 de agosto se produjo en la ciudad de Buenos Aires un hecho aberrante e inusual; la policía reprimió con gases y palazos a un grupo de jubilados que protestaba por el anunciado veto presidencial al miserable aumento del 8% otorgado por el Congreso Nacional a jubilaciones paupérrimas que se encuentran muy por debajo de la línea de la pobreza. Quedó claro que no se trataba de un comando mapuche –iraní ni de terroristas islámicos atentando contra la democracia. Eran sólo un grupo de septuagenarios desesperados por la situación económica en la que se encuentran, clamando por la implementación de una ley sancionada por las cámaras legislativas, a los que se reprimió de manera bestial. Pero la crueldad no quedó ahí, siguió, como nos tiene acostumbrados este gobierno, con el ataque de su ejército de trolls instalado en la Casa Rosada, profiriendo insultos y festejando la golpiza. La frase: “Les llenamos la cara de leche a los viejos meados” estalló en las redes y se hizo viral, el doble sentido hacía alusión a los dichos presidenciales y a la estela blanca que deja el gas policial a su paso. A esta altura del relato convendría hacerse un par de preguntas: ¿Es un trabajo respetable pegarle a viejos, indigentes y desocupados? ¿Es esta degradación humana lo que votó el 56% de los argentinos? Como era de esperarse el presidente, que aún conserva los brazos, justificó su veto con una sarta de mentiras y datos falsos. Llegó a decir públicamente que de implementarse la medida, incrementaría la deuda en ¡370.000 millones de dólares! y que eso significaba 24 puntos del PBI, cuando en realidad la cifra equivale al 0,45% del PBI. Una suma similar a la que el Estado dejó de percibir al dar de baja el impuesto a los Bienes Personales, que pagaban los sectores más pudientes de la sociedad . Un disparate demencial más para sumar a la colección. Con tanta violencia y mentira, el gobierno pretende tapar el desastre económico en el que está sumiendo al país y a la inmensa mayoría de sus habitantes. Tarea que está realizando con el inestimable apoyo de los medios de comunicación más importantes, el silencio cómplice del Poder judicial y un grupo selecto de los empresarios más poderosos del país, los únicos beneficiarios de esta catástrofe. No se puede dejar de nombrar a un aliado impensado, el massista Marco Lavagna, director del INDEC, quien parece medir la inflación con un termómetro chino que siempre le marca alrededor del 4%, cuando cualquiera que haya ido al supermercado, la panadería, la carnicería y la verdulería en el mes de agosto sabe que los precios de los alimentos aumentaron más de un 10%, cosa fácil de corroborar ya que en ese orden aumentaron los menús ejecutivos y promociones de bares y restaurantes, que el transporte público subió más de un 30% y las boletas de los servicios públicos llegaron con 100, 200 y 300% de aumento. La economía es una ciencia social, no una ciencia exacta. No basta autoproclamarse premio nobel para ser capaz de manejar un país. No hay estupidez económica más grande que pensar que sólo con Inflación 0 y Déficit Fiscal 0, los habitantes de un país pueden conseguir un nivel de vida digno que asegure un bienestar generalizado, como proclama el gobierno. Un par de simples datos demuestran esta afirmación. Por un lado sólo hay 4 países en Europa que tienen superávit fiscal (Chipre, Dinamarca, Irlanda y Portugal) y el promedio europeo del déficit es de 3,6%. Por otro, en Argentina durante 2001, con la economía en manos de algunos personajes que hoy se repiten, hubo deflación, la inflación de ese año fue negativa, un -1,5% pero la desocupación, el hambre y la represión a la que fue sometido el pueblo durante ese año desembocó no sólo en el estallido que dejó 39 cadáveres, sino también en miles y miles de muertes silenciosas por desnutrición y falta de acceso a la salud. En esa época, como hoy, no sólo hubo niños que comían apenas una vez al día, también hubo infinidad de jubilados y enfermos que dejaron de tomar remedios por que no los podían comprar. Casi un calco de aquello, sucede en a actualidad. El gobierno libertario saquea las jubilaciones, les quita los subsidios a los medicamentos, y reprime a los ancianos bestialmente. Quiere que los “viejos meados” se mueran calladitos, sin quejarse por las vejaciones que sufren, como aquellos del 2001. Para que quede claro de lo que hablamos dejo un último dato relacionado con la leche en la que se regodea el sadismo oficialista: En noviembre de 2023, con una jubilación mínima de 156.700 pesos las jubiladas y jubilados podían comprar, 343 litros de leche, en junio de 2024, los 276.931 pesos que cobraron, apenas les alcanzaron para comprar 204 litros. Es información que está al alcance de todos. No hay mentira, ni insulto, ni mala leche que pueda ocultarla.