Bajo el lema “La universidad es de todos”, los detenidos del penal de Devoto volvieron a protestar contra la medida de Patricia Bullrich.
Otra vez, una noche agitada en el barrio. Los vecinos de Villa Devoto volvieron a escuchar gritos, ruidos metálicos y ver humo saliendo del penal. Por segunda vez consecutiva, internos de distintos pabellones realizaron una protesta para exigir la reapertura del Centro de Estudiantes, luego de que el Ministerio de Seguridad Nacional decidiera su cierre.
La escena se repitió: colchones y sábanas quemados, celdas cubiertas con carteles caseros y una consigna que se hizo visible desde los muros del penal: «La Universidad es de todos», escrita en una sábana colgada desde una ventana.
El conflicto viene escalando desde que el gobierno nacional, a través de una resolución oficial, ordenó que los centros de estudiantes en todas las cárceles del Servicio Penitenciario Federal dejen de funcionar. La decisión fue presentada como una manera de reforzar el orden y la disciplina, argumentando que estas agrupaciones «dificultan la reinserción social» y «entorpecen las tareas obligatorias que los reclusos deben realizar dentro del penal».
Pero adentro la cosa se ve distinta. Los internos señalan que sin el centro de estudiantes pierden su único espacio de organización colectiva, donde no solo se planificaban actividades educativas, sino que también se garantizaba algo de paz en pabellones hacinados y ruidosos. El acceso al estudio –dicen quienes acompañan desde afuera estos procesos– es una herramienta concreta para la reinserción, más efectiva que muchas otras medidas que hoy escasean en los penales.
Desde el año pasado, además, el Ministerio había impuesto tareas obligatorias de limpieza y mantenimiento para todos los reclusos, cinco horas diarias sin pago alguno. Y al prohibirles usar las aulas universitarias fuera del horario de clase, el mensaje fue claro: estudiar ya no es prioridad.
“La educación siempre fue una salida para muchos acá adentro”, contó un ex interno del penal que hoy vive en el barrio y se acerca seguido a apoyar las actividades educativas dentro del penal. “No hay talleres, no hay actividades culturales, no hay casi nada. Y ahora esto”.
Los especialistas en temas penitenciarios advierten que la medida podría ser hasta inconstitucional, porque atenta contra el principio de que las cárceles deben favorecer la reinserción social. Mientras tanto, en las noches de Devoto, el malestar se hace escuchar.
Las autoridades temen que las protestas se vuelvan cotidianas. En el barrio, mientras tanto, muchos vecinos se preguntan hasta cuándo se podrá contener un conflicto que claramente va más allá de los muros.