Durante 2024 la mayoría de los medios de comunicación, escritos, orales y audiovisuales se desgarraron las vestiduras con notas de todo tipo acerca de la adicción por las apuestas que tienen los adolescentes y jóvenes argentinos, sobre todo aquellos de las clases medias y altas que poseen más posibilidades económicas para introducirse en ese mundo siniestro. No fueron pocos los padres que se desayunaron que sus hijos estaban endeudados hasta la coronilla. En general la mayoría del periodismo concluyó que este flagelo se debe principalmente al uso descontrolado de las redes sociales, sugiriendo que los progenitores debían tomar cartas en el asunto y poner límites al uso de las pantallas digitales. Una muestra cabal del cinismo y la hipocresía que priman en esta sociedad tecno consumista en la que vivimos. Basta con subir a cualquier medio de transporte público y observar a 3 de cada 4 adultos absorbidos por su teléfono celular, o con prestar atención a todas las camisetas de los equipos de la primera división del fútbol argentino (con la honrosa excepción del Club Velez Sarfield) llevando la publicidad de Casas de juego o a la escandalosa situación que debiera significar que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) organice un torneo con el nombre de una empresa de apuestas on line, o ver al arquero de la selección nacional de fútbol actuar como estandarte publicitario de otra casa de apuestas o recordar que en el año 2022 el por entonces Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta lanzó el programa de enseñanza financiera en los colegios secundarios públicos de la Ciudad de Buenos Aires para que al recibirse los jóvenes pudieran timbear en la Bolsa o el Mercado de divisas en lugar de conseguirse un trabajo honesto o detectar en las redes la innumerable cantidad de avisos que invitan a ganar dinero fácil, sin trabajar ni medio día o recorrer los pueblos del interior y hacer la lista de los que han quedado enganchados en los diferentes tipos de estafas que se presentan como negocios rápidos y seguros u observar al asesor del actual presidente Antonio Aracre (también asesor del presidente anterior) enseñando a apostar dinero en la bicicleta financiera desde la pantalla de la televisión pública y a los funcionarios del ministerio de economía intentando convencer a los empresarios pymes de que se dediquen al “carry trade y cierren sus fábricas o simplemente tomar nota del daño que produce tener al presidente de la Nación promoviendo una estafa con monedas virtuales de nivel internacional ¿En serio nos quieren hacer creer que sólo por la existencia de internet los adolescentes buscan su salvación en las apuestas? ¿En serio nadie tiene un mea culpa para hacer en esta sociedad que se hunde sin remedio? El 56% de los argentinos votó a Javier Milei, un apóstol de la violencia que en su campaña se vendió como un especialista en crecimiento económico con y “sin dinero” ¡La única forma de crecer sin producir riqueza es robando! ¿Y a quién se va a robar con más facilidad sino a los más débiles? Un tipo con antecedentes de estafas financieras en su haber, y una prédica sistemática en favor de la mafia. ¡Esta vez no hubo engaños! A nadie le puede sorprender que este promotor extremo del “Sálvese quien pueda” lo primero que haya hecho fuera nombrar como ministro de economía a Toto Caputo, el ”Messi de las finanzas”, quien cuatro años atrás había hecho desaparecer más de 20.000 millones de dólares de nuestras reservas y todavía no ha rendido cuenta ante la justicia por el desfalco realizado. Ahora el campeón mundial del afano vuelve con nuevos bríos a endeudarnos hasta la eternidad y terminar con la tarea de destruir al aparato productivo nacional en aras de transformar a nuestra patria en un paraíso financiero dónde sólo es posible sobrevivir cagando a los otros. Y ya son muchos los damnificados por la aplicación de esta política económica deshumanizada que invita a la insolidaridad, a la especulación, al egoísmo. Son muchos los que mueren en silencio, día a día y no salen en las tapas de los diarios. De aquel país que hasta no hace mucho supo producir reactores nucleares, que supo lanzar satélites al espacio, que supo fabricar vacunas, queda poco y nada, nos hemos convertido en un país que produce estafas internacionales y no mucho más que eso. Se acabó la Cultura del trabajo, vivimos en la Cultura de la especulación. Se acabó la tierra de tamberos, estamos en un país de timberos. ¿En un país en el que la desocupación avanza y la mayoría de los salarios y la jubilaciones no alcanzan para vivir, que otra cosa queda que apostar? ¿En serio nos quieren hacer creer que nuestro mayor problema es que los adolescentes apuestan desde su teléfono celular?
Por Eduardo de la Serna