En la película LA CAÍDA, un largometraje emblemático del cine alemán del año 2004, su director, Oliver Hirschbiegel nos muestra los últimos días de Adolfo Hitler encerrado en un bunker en la ciudad de Berlín sitiada por el ejército ruso, acompañado de su círculo íntimo y de algunos de los dirigentes y generales más importantes del régimen nazi. El film está basado en las memorias de Traudl Jungle, la secretaria privada del Führer, una de las pocas sobrevivientes de los que presenciaron aquellas instancias históricas. Si bien la película fue aclamada en todo el mundo (Candidata al Oscar veinte años atrás), recibió algunas críticas, que en general, la “acusaban” de humanizar al monstruo, ya que en ella se puede ver a un Hitler contradictorio, una figura que pese a su histeria, violencia y crueldad por momentos se muestra amable y sensible. Un trabajo memorable del actor suizo Bruno Ganz. ¿La habrá visto alguna vez el presidente Javier Milei? No le vendría mal echarle un vistazo para tomar conciencia de que el poder suele escaparse de entre las manos como los granos de arena. Mucho más teniendo en cuenta los sucesos que fueron acumulándose en nuestro país durante el mes de junio y que acercan a su gobierno al borde del precipicio. Milei no está rodeado de un ejército de comunistas clamando venganza pero los problemas que lo acechan abarcan los planos más diversos: En lo social, crecen la pobreza, la desocupación y la precariedad laboral. Un trabajo solo no alcanza y se empiezan a normalizar el pluriempleo y el endeudamiento para poder sobrevivir. Por ende crece también la protesta. Al constante reclamo de jubilados y empleados estatales, se ha sumado el de los asalariados despedidos del sector privado y los trabajadores profesionales y no profesionales del Hospital Garrahan, así como el reclamo de los damnificados por el corte de los servicios en otras áreas de la salud: Discapacitados, enfermos terminales, mentales, de VIH, hemofílicos, etc. En el plano jurídico, su situación personal y la de su entorno se ve cada vez más complicada en las causas abiertas aquí y en el extranjero por la estafa producida a partir del lanzamiento de la criptomoneda Libra y el encarcelamiento de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, del que se ufana en público pero padece en privado, no ha hecho otra cosa que unir a la dirigencia opositora y despertar la movilización popular, que estaba adormecida. Se pueden realizar muchas conjeturas sobre quién está detrás de esta decisión del impresentable poder judicial argentino ¿Mauricio Macri, Héctor Magnetto, la embajada de EEUU? Pero más allá de los ideólogos de esta medida, lo cierto es que se trata de una bomba que puede explotarle al gobierno en cualquier momento. Y no son éstos los únicos acontecimientos políticos que amenazan con irse de sus manos: Los gobernadores de todas las provincias, sin excepción, se han unido por primera vez para exigirle fondos, al tiempo que las peleas internas no se detienen y que, exceptuando CABA, todas las elecciones que se desarrollaron hasta ahora han implicado fracasos, algunos estrepitosos, que confirman que el último clavo en el cajón del peronismo todavía no se fabricó. A todas estas adversidades sociales, jurídicas y políticas se les sumó un golpe durísimo a la fantasía económica de bajar la inflación y el precio del dólar a costa de endeudamiento, hambre y timba: El Banco J.P. Morgan, la institución bancaria líder del mundo financiero, aconsejó a los inversores en el carry trade argentino que abandonen sus posiciones, saquen sus ganancias en dólares y se retiren del mercado especulativo que les propone nuestro gobierno porque la bicicleta no da para más. Y como si todas estas desgracias para el oficialismo fueran pocas, el último día de junio apareció la frutilla del postre: La jueza Servini de Cubría, quizá la representante más ubicua y acomodaticia de la casta judicial, (Baste recordar que luego de años de servilismo menemista, se apersonó en la Plaza de Mayo para defender a las Madres de los ataques policiales el mismísimo día en que De la Rúa se fue volando) declaró que Cristina no debería cumplir toda su condena. En boca de doña María Romilda, experta baqueana en interpretar para qué lado soplan los vientos del poder, estas palabras deben sonar en los oídos libertarios como un concierto de helicópteros rondando sobre sus cabezas. En la película de Hirschbiegel, vemos a Hitler hablar sobre el comportamiento de los monos, mostrarse cariñoso con su perra, considerar que es más inteligente que muchos seres humanos, buscar traidores entre quienes lo rodean, gritar e insultar a diestra y siniestra ¿Habrá visto el presidente MIlei esta maravillosa película alemana? Haría bien en darle un vistazo.
Por Eduardo de la Serna