En pleno corazón de Villa del Parque, el histórico chalet de Campana 3406, en esquina con José Pedro Varela, resiste la presión inmobiliaria y encuentra refugio en la justicia porteña. Tras una intensa movilización vecinal y un amparo presentado en junio, las obras fueron suspendidas en forma cautelar.
A principios de junio, vecinos autoconvocados se concentraron para un simbólico “abrazo al chalet”, señalando que su demolición apuntaba no solo a borrar una casa, sino también a fragmentar la identidad del barrio. El edificio, construido antes de 1941 y catalogado con protección cautelar desde 2014, había perdido repentinamente esa cobertura mediante una resolución administrativa del GCBA que habilitaba un proyecto de un edificio de ocho pisos promovido por Distrito DVT Real Estate SA.
A partir de ese momento, conciencias colectivas como Conciencia Urbana Comuna 11, Basta de Demoler, Buenos Aires Perdida y el Observatorio del Derecho a la Ciudad comenzaron a articular medidas legales. El 11 de junio se presentó un amparo colectivo que denunció la desafectación arbitraria del inmueble y exigió la suspensión inmediata de cualquier permiso de obra o demolición derivada.
En un fallo rápido y contundente, la justicia porteña ordenó la inmediata clausura y suspensión de la obra, reconociendo el riesgo inminente de daño irreparable al patrimonio local. Además, habilitó la participación ciudadana en el expediente y estableció mecanismos de transparencia: edictos en el Boletín Oficial, notificaciones públicas y acceso comunitario al trámite judicial.
Hoy, el chalet sigue en pie. Su historia no se redujo solo a un bien arquitectónico: se erigió en símbolo de un barrio que se organiza. Los vecinos dejan claro que no quieren demoliciones sin diálogo, que su entorno no es suelo disponible para desarrollos especulativos y que las voces de comunidad importan.
La batalla continúa. Aunque se logró un freno temporal, el destino final de la casa de Campana y Varela aún no está definido. Para muchos, esta victoria provisional es solo el primer acto: seguirán vigilantes, porque saben que cuando el barrio se alza unido, incluso los planes de cemento pueden cambiar de rumbo.