Por Eduardo De la Serna

Me he cansado de escuchar decir que el gran problema argentino es la oscilación que se produce en los enfoques económicos que se plantean con la llegada intercalada al poder de partidos populares o de las ideas liberales. Que esa falta de constancia en un rumbo económico preciso es el problema. La política argentina es pendular, dicen, dejándonos la idea de un péndulo simple que oscila de manera perfecta y equilibrada hacia un lado y otro del eje, pero en la realidad no es así. Si, por ejemplo, tomáramos los últimos 50 años de historia argentina e hiciéramos un catálogo económico, advertiríamos que en 22 de ellos se aplicaron políticas económicas que podríamos tildar de derecha (teniendo como exponentes más reconocidos a Martínez de Hoz, Cavallo, López Murphy, Dujovne, Prat Gay o Roque Fernández), durante 6 años y medio podríamos decir que se aplicaron políticas económicas de centro derecha si pudiéramos incluir en ellas, cosa bastante cuestionable, a los períodos de Sourrouille y Wehbe, en el centro tendríamos 3 años y medio de Lavagna y 4 años de los 3 ministros de Alberto Fernández, habría también 12 años de economistas de centro izquierda (Gelbard, Grispun y los 10 años que van de Felisa Miceli a Kicillof), pero cuando vamos a buscar un plan de políticas económicas de izquierda no hay ni siquiera una semana. (Teniendo en cuenta, por ejemplo, la propuesta clásica de este sector acerca del No acuerdo con el FMI o la nacionalización de la banca y el comercio exterior). Es decir que en la historia argentina el péndulo se ha mostrado muy desbalanceado hacia el lado derecho del eje pese a que algunos periodistas y el gobierno quieren hacer creer lo contrario. Es más, pese a que algunos idearon el término “Argenzuela” para referirse al gobierno kirchnerista, la máxima violación a la propiedad privada en nuestro país se vivió durante el gobierno de De la Rua y el ministerio de Domingo Cavallo, con la creación del corralito y la apropiación por parte del estado de los ahorros de gran parte de la clase media argentina. Tiempos que parecen querer revivirse ahora con la idea del gobierno de presionar a este sector social para que se desprenda de sus ahorros en dólares si quiere mantener medicina prepaga y colegios privados. Como es sabido, para que el péndulo se comporte de manera armónica, es necesario que la masa no se aleje demasiado del eje central, porque entonces el mecanismo colapsa y el movimiento se vuelve incontrolable. Con la llegada del dúo Milei-Caputo y sus 5 meses de aplicación de políticas económicas de ultra derecha, el desbalance crónico de nuestro péndulo ha pasado a ser ingobernable: Propiciar el delito de fuga de divisas (El mayor problema de la economía argentina de los últimos años), un blanqueo sin controles a pedir del narco, un descaro constante de corrupción record al permitir que los directores de YPF (entre ellos su Jefe de Gabinete Nicolás Posse y su Vicejefe José Rolandi) se aumenten el sueldo a ¡72.000 dólares mensuales! O  aumentarse el sueldo propio sin darse cuenta o mentir dando una catarata de datos falsos en cada una de sus apariciones públicas o justificar la manga de familiares y amigos de funcionarios que invaden las oficinas públicas como langostas mientras se deja en la calle a trabajadores estatales con años de servicio reconocidos y se somete a los más humildes a una situación de hambre y desamparo al tiempo que se coloca a pequeñas y medianas empresas al borde de la quiebra  Un descontrol que nace en la incapacidad psíquica e intelectual del presidente para ejercer el cargo. Pese a ufanarse de ser un entendido en economía, no entiende lo más básico de la ciencia que estudió: La economía es una ciencia social, no una ciencia exacta, no un cúmulo de sumas y restas, no un Excel inmaculado, como bien supo remarcarle el querido actor Hugo Arana al entonces ministro Dujovne. ¿Hasta qué situaciones extremas nos llevará este desbarajuste fenomenal que estamos viviendo? Nadie lo sabe. Todo es posible, incluso que el péndulo cambie la dirección, se equilibre y por primera vez en la historia argentina se pongan en práctica políticas económicas de izquierda ante la mirada absorta del actual presidente. Es difícil que el chancho chifle, pero no se olviden que un año atrás nadie hubiera pensado que un fanático violento con ideas que atrasan 200 años, pudiera presidir el país.