El 27 de noviembre de 1948, Los Canillitas Parquenses recibieron a River Plate en un amistoso que congregó a miles de vecinos.

El 27 de noviembre de 1948, Villa del Parque vivió una jornada histórica: Los Canillitas Parquenses, campeones de la liga amateur de 1947, se enfrentaron a River Plate en un amistoso que reunió a más de diez mil personas en el cruce de Álvarez Jonte y Emilio Lamarca.

Desde temprano, la multitud se agolpó en el improvisado estadio. Las paredes, postes y terrazas cercanas se convirtieron en tribunas improvisadas, mientras vendedores como Tim Micheletti recorrían la zona ofreciendo refrescos caseros. La fiesta incluyó un partido preliminar, donde Unión Libertad venció ajustadamente a Villa Soldati, calentando el ambiente.

El “cura gaucho”, el padre José Dubosc, fue el organizador principal del evento. Junto con el comisario del barrio, Dubosc se encargó de calmar a la multitud y evitar invasiones al campo, utilizando a los agentes de policía como barreras humanas. El sacerdote era conocido por su compromiso con el barrio y su habilidad para unir a la comunidad a través de actividades deportivas y culturales.

El partido principal comenzó a las 10 de la mañana. River Plate, con figuras como Alfredo Di Stéfano y Ángel Labruna, enfrentó a los locales, liderados por Lorenzo. Los Canillitas resistieron con valentía ante la superioridad técnica de sus rivales. Di Stéfano marcó el primer gol a los 37 minutos del primer tiempo, tras una combinación con Moreno y Labruna.

En el segundo tiempo, con el sol en su punto más alto, Di Stéfano aumentó la ventaja al convertir su segundo gol. Sin embargo, los Canillitas no se rindieron, y Adán, con un tiro libre impecable, anotó el descuento a los siete minutos. El partido concluyó 2-1 a favor de River en un ambiente de calidez y camaradería, destacando la actuación del arquero local, quien se ganó el reconocimiento de los rivales.

Tras el encuentro, los jugadores se reunieron en la sede del Club Pacífico para compartir un vermouth y celebrar la jornada. Los Canillitas agasajaron a sus ilustres contrincantes en un gesto que reflejó el espíritu deportivo que caracterizó al evento.

Aquella soleada mañana quedó en la memoria de los vecinos como un ejemplo del amor por el fútbol y la capacidad del deporte para unir a una comunidad entera.