Por Eduardo de la Serna
En noviembre de 2023 los argentinos tuvimos que elegir entre lo malo y lo peor. Aunque parezca un disparate tuvimos la maldita idea de elegir lo peor. Vaya a saberse si fue por motivos relacionados con la estupidez, el odio, el hartazgo, la irresponsabilidad o el humor negro, pero el asunto es que hicimos una cagada grande como una casa, porque el chiste dura cuatro años y si esto sigue así durante treinta y cuatro meses más; nos quedamos sin país. Ninguno de los votantes puede argumentar que no estaba advertido de lo que sucedería si ganaba el candidato de La Libertad Avanza. El hoy presidente Milei fue, durante toda la campaña electoral, un muestrario de calamidades, una caja de Pandora con peluca. Y nosotros tuvimos la mala idea de abrirla. La estafa mundial que hoy lo tiene como protagonista principal, y en la cual ha dejado sus huellas hasta en la sopa, fue preanunciada durante los meses previos a la elección. En ese tiempo hubo varias denuncias acerca de que los hermanos Javier y Karina cobraban por integrar los cargos de sus listas electorales, recuerdo que una candidata a legisladora hablaba en la televisión de haber pagado 50.000 dólares. Sin embargo, el asunto pasó sin pena ni gloria, nadie pareció escucharlo. Los grandes medios de comunicación; ciegos. El poder judicial, sordo, como siempre, ante una manifiesta compra venta de cargos, que deja expuesta una de las ideas centrales del dúo siniestro: Cualquier incapaz o perverso puede legislar o gobernar en este país si tiene el dinero suficiente. Para esa época, también, el panelista económico ya había demostrado su total ignorancia e irresponsabilidad en los temas en los que se auto propone como Premio Nobel. A mediados de 2022, promocionó la plataforma CoinX, que terminó en una estafa similar, en la que tuvo que intervenir la Comisión Nacional de Valores y que le valió, al por entonces diputado nacional, una denuncia como responsable solidario de esa estafa. Esto sucedió a la luz del día y a la vista de todos. No hay que ser ciego para no ver, basta con cerrar los ojos. Durante el debate presidencial, su contrincante y “amigo”, Sergio Massa, tuvo que levantar el pie del acelerador porque en los 10 primeros minutos del encuentro había dejado expuesta la completa ignorancia de Milei acerca de cómo manejar la economía de un país y el hoy empleado de los fondos buitres tuvo miedo (con justa razón) de que exponer a fondo la incapacidad de su contrincante, le jugara en contra. Así como no hay peor ciego que el que no quiere ver, no hay peor sordo que quien no quiere escuchar. En campaña Milei dijo todas las barbaridades que se le ocurrieron: Compraventa de Bebés, alusiones pedófilas varias, apología del accionar mafioso, apología de la evasión impositiva, amenazas e insultos hacia cualquiera que se opusiera a su discurso. Nadie que lo haya votado puede argumentar que no sabía, a lo sumo puede argumentar que no le importan las consecuencias de su voto o que pensó que no iba a hacer lo que decía que iba a hacer. Argumentos que cuentan con una buena dosis de irresponsabilidad y/o delirio y que nos invitan a reflexionar sobre qué clase de compromiso tenemos con la sociedad que integramos, los ciudadanos argentinos. Algunos dirán que Milei mintió, dijo que iba a combatir a la casta y lo único que ha hecho es beneficiarla, pero eso ya estaba claro desde el momento que se alió a Macri, a Bullrich, a Francos, a Epstein, a Eurnequian, a Wertein, días antes del ballotaje. Un hombre que declara recibir consejos de su perro muerto, o está completamente loco o miente. Para confirmar lo primero haría falta una junta médica (no estaría mal reclamarla), lo segundo en cambio ha quedado confirmado en estos 14 meses de gobierno en los que ha descargado una catarata de mentiras cotidianas, cifras, datos, informes y sentencias distorsionadas lanzadas con un caradurismo a toda prueba. Incluso los “logros” de los que se jacta son un Falso equilibrio fiscal y una inflación mentirosa. En lo único que ha dicho la verdad es en que vino a destruir al Estado, que es lo mismo que destruir al País, ya que no existe un País sin Estado, sin una organización social y administrativa acorde a su tamaño y sus expectativas. ¿Cómo puede ser que más de la mitad de los votantes haya elegido destruir al País? ¿Tanto lo odiamos? ¿Tanto nos odiamos? Destruir al Estado significa hambre, miseria y muerte para millones de argentinos ¿Eso es lo que realmente queremos? ¿Equilibrio fiscal? ¿Baja de inflación? ¿De qué sirven si la sociedad vive cada vez peor? ¿De qué le sirvieron a De la Rua el Deficit 0 y la Inflación Negativa antes de que todo explotara por los aires en diciembre de 2001? En noviembre de 2022 con una jubilación mínima se compraban 240 litros de leche, hoy se compran 190 litros. Quizá en esta época donde impera la realidad virtual sea más difícil comprender las dimensiones del mundo real, tener empatía con los otros, apreciar lo evidente como tal. Pero eso no puede ser utilizado como excusa. Ojalá que este suceso escandaloso que el Presidente de la Nación nos hace vivir a todos los argentinos nos sirva para pensar sobre nuestra relación con toda la sociedad, nuestra responsabilidad con el sistema democrático y al mismo tiempo comprender lo obvio: NUNCA LO PEOR ES LO MEJOR. Lo malo nos permite seguir viviendo y luchando por algo mejor, lo peor pone en juego nuestra propia existencia.