Una vez más, la organización vecinal demostró su fuerza. Gracias a la acción conjunta de vecinos, organizaciones patrimoniales y el recurso judicial, se logró frenar la inminente demolición de la casa ubicada en Campana 3406, esquina José Pedro Varela.

En el corazón de Villa del Parque, un nuevo conflicto entre desarrollos inmobiliarios y patrimonio barrial acaba de sumar un capítulo esperanzador. Una casona histórica ubicada en Campana 3406 estuvo al borde de ser demolida, pero una medida cautelar dictada por la justicia porteña frenó la topadora a tiempo.

La propiedad, un chalet con valor patrimonial que llevaba años protegido por el catálogo oficial de la Ciudad, había sido desafectado de forma sorpresiva por el Gobierno de la Ciudad a través de una resolución administrativa. Con los permisos en regla y las vallas ya colocadas, el proyecto inmobiliario de ocho pisos parecía imparable.

Sin embargo, la respuesta del barrio fue inmediata. Vecinos autoconvocados, el colectivo Conciencia Urbana Comuna 11 y la organización Basta de Demoler organizaron un abrazo simbólico el pasado 5 de junio frente al inmueble. El gesto, cargado de emoción y memoria, fue también un grito de alerta: el barrio no se vende, se defiende.

A partir de esa acción, el abogado Jonatan Baldiviezo, del Observatorio del Derecho a la Ciudad, presentó un amparo colectivo que denunció irregularidades en la desafectación del inmueble. La justicia respondió a favor y ordenó la clausura inmediata de la obra, suspendiendo todo avance sobre la casona.

Además de frenar la demolición, el fallo judicial reconoció el derecho de cualquier vecino u organización a intervenir en el proceso, abriendo así una puerta importante para la participación ciudadana en temas de desarrollo urbano.

El inmueble había sido protegido durante años por su valor arquitectónico y simbólico. La resolución que habilitó su demolición fue solicitada por la desarrolladora Distrito DVT Real Estate SA, y según denunció el Observatorio del Derecho a la Ciudad, el gobierno porteño actuó en favor del negocio, ignorando las normas vigentes y la necesidad de consulta ciudadana, como exige el Acuerdo de Escazú.

Para quienes pelean hace años por la identidad de Villa del Parque, la noticia fue un alivio. No solo se salvó una casa; se defendió una forma de vivir el barrio. Con sus historias, sus calles y ese entramado de recuerdos que no entran en un plano regulador.

La lucha continúa, pero por ahora, la casona de Campana y Varela sigue en pie. Y con ella, la certeza de que, cuando el barrio se organiza, puede torcer el rumbo de los ladrillos y sus negocios.