Laura Paredes es actriz y guionista argentina. Participó en decenas de películas entre ellas las destacadas Argentina 1985, Trenque Lauquen y Zama. En la actualidad comparte el protagónico de “Las cautivas” con Lorena Vega, una obra que tuvo su gira por España despues de ser aplaudida en nuestro país.

Por Fermín de la Serna

¿Cómo es tu relación con el barrio en el que naciste? ¿Qué recuerdos tenés de esa infancia?

Soy del barrio de Avellaneda, así que como toda adolescente de Avellaneda fue un tiempo un poco mixto, porque soy una persona completamente del barrio, pero a la vez un conurbano límite a la ciudad de Buenos Aires. Así que la salida era constantemente a Capital, a ver bandas, a San Telmo, a Congreso, era tomarse el 24 o el 10 o el 17 y ya salir del barrio. Eso me gustaba, me parecía que tenía mis costumbres del barrio, pero me gustaba tener cruzando el Puente Pueyrredón otras opciones que también tenía en Capital. Así que siento que es como una juventud y una adolescencia mixta ser de Avellaneda.

¿De qué manera surge el colectivo teatral “Piel de Lava”? ¿Y cómo se ha trasformado desde ese inicio en el 2003 hasta la actualidad?

Con Piel de Lava nos conocimos en el taller de Rafael Spregelburd y en el taller de Alejandro Catalán. Surge porque nos hacemos amigas, pero además teníamos intereses bastante conocidas, nos gustaba a todas las idea de escribir y dirigir y surge como una opción a no tener una formación únicamente relacionada con la actuación, ¿no? Armar un grupo en ese momento era un laboratorio y también un refugio frente a la idea de ser actriz, que cuando sos joven es una idea pesada, la pregunta de cómo enfrentar una posibilidad de vida profesional con un trabajo tan inestable como la actuación, y el grupo funcionaba como un lugar para resistir esa idea de trabajar de actrices, ¿no? Era un refugio para poder pensar en términos de obras propias y un lenguaje particular que creo que se fue construyendo a lo largo de estos años. Nos une mucho el humor, creo que somos amigas que por lo general estamos intentando hacernos reir. Consciente o inconscientemente el humor siempre está como la base de todo. Hace veinte años que nos estamos contando pavadas para hacernos reír, contando incluso la peor tragedia de mi vida. Es lo que nos hace también estar juntas en el escenario, el modo de buscar teatralidad. Creo que somos un grupo de humor, es el lugar donde nos encontramos, definitivamente. En este tiempo hubo cosas que las hicimos de modo intuitivo y con los años lo fuimos sistematizando, y ahora incluso las podemos compartir y dar clases de creación grupal, tener pensamientos sobre nuestra práctica.

«El rodaje de 1985 fue muy particular por varios motivos, y muchos tienen que ver con los episodios reales» Laura Paredes

Trenque Lauquen ha sido seleccionada entre las 10 mejores películas del año 2023 por la prestigiosa revista Cahiers du cinema ¿Cómo es dividirse entre el rol de protagonista y guionista?

En Trenque Lauquen el hecho de hacer dos roles, dirigir y actuar, no era algo que me diera particular temor, justamente por la trayectoria de Piel de Lava. Casi te diría que me pasa lo contrario: ya no sé hacer una sola cosa. Todo lo que hago tiene que ver con unir varios roles a la vez. Casi te diría que por eso es una forma cómoda, no por eso menos caótica. No le temo. Es la manera que encuentro de estar más atenta creativamente. Encuentro una multiplicidad de trabajo en la que me va mejor que cuando hago una sola cosa. Me gusta mucho cómo se filtran las otras disciplinas. Cuando estoy actuando me gusta mucho pensar en una curva narrativa, por ejemplo, o si estoy escribiendo con Lau me gusta pensar cómo lo puedo actuar. Y lo mismo en Piel de Lava, siento que hay algo de estar pensando en lo que estás haciendo pero también proyectando otro rol superpuesto que a mí me funciona y me resulta muy excitante para trabajar.

Qué recuerdo tenes del día de rodaje de la película Argentina 1985 cuando interpretaste a Adriana Calvo, la mujer que fue secuestrada en 1977 y dio a luz a su hija en un patrullero mientras la trasladaban de un centro clandestino a otro?

El rodaje de 1985 fue muy particular por varios motivos, y muchos tienen que ver con los episodios reales. Estar filmando en la sala donde ocurrió el juicio real. Estar en el mismo espacio físico donde Adriana Calvo dio su testimonio, decir exactamente sus palabras. No se pareció a nada que yo haya hecho en otros trabajos. Había algo de confiar en la potencia de ese texto y de recrear ese momento, porque más allá de que yo fui la portadora de esa voz, todos estábamos recreando ese momento, todos los técnicos, el director, los extras que estuvieron oyendo ese testimonio una y otra vez. Hubo algo de ese proceso colectivo que fue muy emocionante, porque yo sentía que estaba aportando algo que no es ni siquiera solo de Adriana, que es un testimonio que es de todos. Y eso se sintió el día del rodaje. Decir esas palabras de nuevo, que volvieran a hacer eco en esa sala fue muy especial, emocionante. Yo estaba pensando técnicamente cómo hacerlo y a la vez entregada a una emoción colectiva que se generaba solo por el hecho de repetir algo que había sucedido.

Las cautivas, la obra con quien compartís protagónico con Lorena Vega, tuvo su gira por España después de ser aplaudida en nuestro país ¿Cómo ha sido ese viaje a Madrid y sus funciones?

La gira de Las cautivas en España fue muy especial, fue un encuentro con el público maravilloso. Acá es una obra que por suerte tiene esa respuesta, que es muy festiva, pero no sabíamos qué podía pasar con otros públicos. Sucedió algo muy festivo, de mucha conexión con la gente, de alegría. Fue una experiencia distinta de otras veces que fui de gira, porque hacer funciones en una sola ciudad también tuvo esa especie de máquina perfecta de que una función a función fue encontrando diferentes maneras de apropiarse de ese espacio, porque fueron como ocho funciones en un mismo lugar, en El Matadero de Madrid. Fue como irse de luna de miel. Todavía Las cautivas es un gran romance para nosotras, lo pasamos muy bien haciéndola, y queríamos creer en el enamoramiento general que teníamos con la gente, con la ciudad y con la obra, que todo el tiempo nos regala cosas muy especiales. Así que sí, fue un gran encuentro con el público. El teatro tiene eso, en la repetición y en los cambios de público uno sigue encontrando motivos muy genuinos para seguir probando y encontrar nuevos sentidos. Eso también sucedía. Por ahí el público tenía una resonancia particular en algunos momentos que no coinciden con los de Argentina, y eso siempre para una obra es abrir nuevos sentidos.

¿Qué artistas te potencian la creatividad hoy en día?

Yo creo que cada obra y cada trabajo dialoga con algunos artistas. En general en Buenos Aires hay un teatro muy vital, y por lo general se sale del teatro con ganas de hacer teatro. Pienso en las obras de Tenconi (Blanco) de Lorena (Vega), de Santi Gobernori, de Andrea Garrote, de Spregelburd, por nombrar algunos -son muchísimos-. Ahora hay un grupo de gente joven que se llama Besa, que siempre que lo vi me resultó muy inspirador, ver gente joven que trabaja de ese modo. Sé que estoy dejando mucha gente afuera. Pero es eso: son los colegas que uno ve y generan un diálogo y una potencia por estar creando a la misma vez. Y después están los artistas con los que uno dialoga, que son casi los maestros, que ahí puedo pensar en Lorca en Bioy Casáres, con quien siento mucha afinidad para escribir, me gusta el universo de la gente común a la que le suceden cosas extraordinarias. Me gusta mucho Puig. No sé, estoy tirando a boleo gente que siento muy afín y sos maestros para mí.