Por Eduardo de la Serna

La cortina de humo es una táctica militar utilizada desde  la antigüedad, con el objetivo de disminuir o clausurar la visión del enemigo. Su efectividad fue tal que llegó a usarse en combates navales en la Guerra de Secesión estadounidense en el siglo XIX y tuvo su auge en la Segunda Guerra Mundial utilizada por el ejército alemán para ocultar el avance rápido de sus columnas de tanques. En los años 70, el filósofo Michel Foucault dijo: “La política es la guerra por otros medios”  dando vuelta la frase que 150 años antes había hecho famoso al estratega militar prusiano Carl Von Clausewitz. Guerra y política están asociadas desde el inicio de los tiempos, por eso no es de extrañar el ida y vuelta constante que se produce entre estas dos actividades humanas, y que las cortinas de humo aparezcan también en el plano político. Claro que nunca hubo en la historia argentina contemporánea un gobierno que las utilizara de manera tan insistente y promiscua como éste de Javier Milei. Parece creer que lanzar bombas de humo, una detrás de otra, a diestra y siniestra, conseguirá ocultar su profunda incapacidad y el desastre  económico social al que nos están llevando: Perros muertos que hablan, corte de brazos, insultos constantes, fatimas y yuyitos, premios nóbeles, paseos en tanque, los shows de adorni, los de la peluquera, dolarización, desequilibrios mentales, lunapares, lali depósito, visitas a genocidas, fotos con salames internacionales, comunistas hasta en la sopa, venta de niños, el busto de San Carlos, papadas ortopédicas, viajes a troche y moche, Centro Cultural La pindonga, etc, etc , etc. Durante más de un mes, en complicidad con la inmensa mayoría de los medios de comunicación, estuvieron lucrando con la desaparición de un niño correntino. Mirar la televisión argentina desde el 13 de junio en  adelante se transformó en un verdadero show del asco. Ver a periodistas de todos los canales, oficialistas y opositores, 24 horas al día, jugando a los detectives, elucubrando una y mil teorías sin asidero acerca del destino de una criatura, escarbando en el morbo de la población, no fue, ni sigue siendo, sólo una rapiña asquerosa por una décima más de rating, constituye también parte de una estrategia de guerra instrumentada desde la profundidad del poder que terminó atrapando a los que se supone no deberían entrar en el juego. En estas últimas semanas, por detrás de la humareda, se aprobaron la ley bases y el RIGI, que garantizan el saqueo de nuestros recursos naturales a cambio de nada y la transferencia de ingresos de los trabajadores y jubilados a los sectores más pudientes de la sociedad. “Qué los pobres sean más pobres, que los ricos sean más ricos” parece ser el lema que guía el ideario de éste gobierno. A esta altura del año las tarifas de los servicios públicos se han vuelto impagables para muchos que esperan con angustia la llegada de las boletas y deben andar por la casa a oscuras y envueltos en frazadas, la tarjeta sube se ha convertido en una braza caliente que nos quema el bolsillo e insaciable nos pide más y más, las estaciones de subte se han vuelto el dormitorio de centenares de indigentes, mientras el gobierno sigue jugando a la timba financiera y suma cada día más deudas para mantener la ficción del déficit fiscal cero y la caída de una inflación que parece haber tocado su piso en las aturas descarnadas del 4%mensual. Pero esta tortura cotidiana a la que se somete a la mayoría de la población promete no tener fin, ya que sólo ha servido  para llevar al país al borde  del default y que los dueños del circo empiecen a pensar que nuestro mejor lugar es la jaula de los leones. Las acciones y los bonos argentinos en el exterior caen como moscas, el riesgo país no para de subir, el FMI no suelta más dinero, los laderos de Trump dicen que no esperen nada del nuevo Van Gogh y los amigos del campo liquidan sus dólares a cuenta gotas. Todos los días se le baja algún socio del barco. Conclusión: Después de tanto sufrimiento, el panorama para el pueblo es mucho más negro que hace 8 meses atrás. Detrás de la humareda que imponía el ejército alemán en su avance a través de Europa estaba la figura mesiánica y criminal de Adolf Hitler, no vaya a ser que cuando se disipe un poco el humo en estas tierras nos encontremos con un Javier Milei de uniforme, bigotitos y brazo extendido con firmeza.