La frase “Pegame y llamame Marta” se hizo popular en los años 90. Más allá de la ironía con que suele usarse, el dicho remite a aquellos  quienes en pos de un objetivo (el que fuera) consienten perder la identidad y ser maltratados. El cambio de rol, el olvidarse de quien uno es, no es un detalle menor en toda esta historia. Por su parte la palabra Ajuste se utiliza en economía para referirse a los sacrificios que hay que hacer para equilibrar los ingresos y los egresos de capital en una sociedad. Los gobiernos neoliberales son muy afectos a realizar ajustes. Es parte constitutiva de sus discursos y su accionar, siempre  con un mismo sentido: Exigirle un mayor esfuerzo a la mayoría menos pudiente de la sociedad. Nunca se les ocurre ajustar a los de arriba, como si esto fuera imposible o estuviera prohibido. En el sistema capitalista pedirles un sacrificio a los millonarios, a las grandes empresas, las entidades financieras, las multinacionales, es considerado una herejía. Durante la campaña previa a las elecciones generales Javier Milei se cansó de decir que él iba a hacer un gran ajuste pero que esta vez lo pagaría la “Casta”, asegurando que esta vez no serían los más pobres los que sufrirían. Pero apenas asumió se rodeó de políticos que han sido funcionarios de varios gobiernos y de los empresarios más poderosos del país, a quienes llamó héroes por evadir impuestos y ganar fortunas gracias a su accionar delictivo. Hoy se vanagloria de estar realizando el ajuste más grande de la historia universal y una parte importante de la sociedad argentina parece estar dispuesta a tolerarlo pese a que ya ha pasado casi un año de gobierno, y la calidad de vida de la gran mayoría se ha deteriorado inexorablemente y no hay miras de mejoría ni en el corto ni el mediano plazo. ¿Qué razón se podría tener para soportar semejante sacrificio? ¿Por qué guardar silencio ante  una baja tan brutal del poder adquisitivo, ante el padecimiento de miles y miles de personas?  Suele decirse: “La duración del ajuste depende de la resistencia de los ajustados”, dando a entender que las políticas ajustadoras tienden a extenderse eternamente si no hay una sociedad que se le oponga con firmeza y hasta aquí eso no ha ocurrido. Las razones son múltiples, algunas evidentes: Un gobierno dispuesto a amedrentar y reprimir con brutalidad, una oposición fragmentada, sectorizada, sin liderazgos, protestas descoordinadas, dirigentes opositores fáciles de corromper, etc. Pero además hay razones relacionadas con cambios más profundos. Entre ellos aparece la pérdida de identidad de los trabajadores como tales. El aumento de la economía en negro, del trabajo individual, del cuentapropismo, del emprendedurismo, del trabajo en casa, se ha dado la mano con la innovación tecnológica y han hecho proliferar un amplio sector de la clase trabajadora que ya no se considera como tal. Han perdido su identidad de clase. Se sienten más patrones que empleados pese a tener ingresos que apenas les sirven para sobrevivir. El viejo lema “Divide y reinarás” es la base de este modelo de sociedad hiperindividualista que se está imponiendo en el mundo. Ya no es la familia, o alguna otra organización colectiva, la base de la sociedad, sino el individuo. Que es muchísimo más fácil de explotar. Ahora, el tecnocapitalismo imperante ni siquiera arriesga su capital, lo debe arriesgar el propio trabajador, poniendo su vehículo, su computadora, su máquina, su casa o su dinero para poder trabajar. Si antes el capitalista justificaba quedarse con el beneficio empresario aduciendo que era el que aportaba el capital a un proyecto productivo, ahora ni siquiera eso arriesga, es el propio trabajador que debe aportar capital y trabajo. Se da la paradoja de que se explota a sí mismo para beneficio de otro que gana millones y encima se ha convencido de que esto es lo más justo. Por eso la raíz del problema está más allá del ajuste empobrecedor de Milei, a quien por supuesto hay que tratar de detener antes de nos mate a todos y destruya el Estado Argentino. Se trata de encontrar maneras de revalorizar el esfuerzo colectivo y la organización social para que los trabajadores y trabajadoras recuperen su identidad de clase, la conciencia de saber quiénes son y dejen de pedir que se los llame “Marta” para ser sometidos y explotados.