Mati Mormandi es un pianista, compositor y cantante nacido en Villa Devoto, cuya música fusiona tango, candombe y otros géneros del Cono Sur. Con más de tres décadas de carrera, ha tocado en bares, auditorios y antros del país. Su estilo único lo ha llevado a conectar con públicos de todo el mundo, manteniendo siempre su identidad musical. 

Por Mateo Missio

¿Cómo fue tu infancia en el barrio?

Nací en el 75 y me crié en Villa Devoto, que en ese entonces era como un pueblo. Yo me considero porteño, pero también argentino, algo que no es tan común en los porteños, porque Buenos Aires es como un mundo aparte, casi como si tuviera murallas. A pesar de eso, siempre me moví por todo el país, y no como turista, sino realmente conectando con diferentes lugares.
Me crié entre Devoto y Villa Lynch, a 50 metros de la General Paz. Tuve una infancia feliz, y no solo gracias a mi familia, sino también a los vecinos, los padres de mis amigos, la gente del barrio. Recuerdo los árboles, los potreros y como a pesar de estar en plena capital, la naturaleza siempre estuvo presente. Devoto, como muchos barrios de Buenos Aires, fue campo alguna vez, y aunque yo viví el final de esa época, las historias de los más viejos me conectaron con ese pasado.
Hoy, viviendo en las afueras de La Plata, me emociona ver cómo un barrio se va formando sobre la pampa, tal como me contaban los viejos del barrio. Es como volver a vivirlo.

¿Cómo te vinculaste con lo artístico y la música en esa infancia barrial?

La música no llegó por el barrio, sino que fue algo más personal. No era tan chico cuando empecé a tocar, pero lo que sí recuerdo es que siempre tuve un interés por el piano. Es curioso, cuando a Goyeneche le preguntaron cuándo empezó a cantar, él dijo que comenzó a cantar en la panza de su mamá. En mi caso, no sé si había un piano en la panza de mi vieja, pero es probable que algo así haya sucedido. Lo cierto es que empecé a pedir piano apenas lo vi, sobre todo en el jardín de la escuela, de la número 8, que quedaba enfrente de mi casa.
Afortunadamente, mis viejos me apoyaron. Cuando vieron que, con apenas cuatro o cinco años, hacía los ejercicios de piano que me daba mi profesora pero en la mesa y con un teclado dibujado en papel, decidieron comprarme un piano de verdad. Me mandaron a estudiar con Lolita Lechner, que era una profesora increíble de música clásica, y ahí empezó todo. Curiosamente, cuando tuve el piano, dejé de estudiar formalmente, pero nunca dejé de tocar.
A los 15 años, sentí que era el momento de retomar los estudios, esta vez por mi propia cuenta. Me acuerdo de que compraba la revista Segunda Mano, donde aparecían ofertas de profesores, y así volví a tomar clases.

“Mi gran escuela fue el tocadiscos de mi casa en Devoto”
Mati Mormandi

Tu estilo es una fusión interesante de tango, candombe y otros géneros del cono sur. ¿Cómo llegaste a esta síntesis de sonidos? ¿Qué te inspira a crear de esta manera?

Es un poco eso, la mezcla de géneros del sur, del Río de la Plata. No son géneros aislados sino que están nutridos de muchas cosas, están cerca de la gente, de muchas ideas e influencias.
Mi música siempre fue un reflejo de lo que sentía en ese momento. No me gusta hacer las mismas cosas una y otra vez, siento que eso no tiene sentido. Lo que busco es que la música sea un medio para poder transmitir lo que estoy viviendo, aunque sea algo que no se puede verbalizar de otra forma. El tango, el candombe y todos esos géneros tienen una identidad muy fuerte, pero a mí lo que me interesa es tomar esos géneros y llevarlos a mi terreno, fusionarlos con lo que estoy sintiendo.

En tu carrera has tocado en muchos lugares distintos. ¿Hay algún lugar o audiencia que te haya dejado una impresión especial?

Me gusta mucho la gente que va a verme, sé que vienen porque realmente les gusta lo que hago. No me gustan los shows donde la gente va solo por ir, sin saber bien qué esperar. Prefiero la gente que viene con la intención de escuchar y disfrutar lo que estoy tocando, que tiene un cierto conocimiento, aunque sea básico, de lo que uno hace. Eso crea una conexión más profunda, una interacción que se siente más genuina.
Me manejo en un formato muy chiquitito. Siempre somos poquitos, a lo sumo somos 100, pero casi siempre somos 30, 40, 50, a veces menos, a veces somos 15. Pero viste que yo te digo «somos». No digo «son», o «llevo». Digo «somos» porque tenemos un vínculo. A mí me gusta la gente que me viene a ver y eso no lo puede decir David Bowie. Claro, ni idea el tipo quién lo va a ver. Y de hecho debe odiar a la gente que lo va a ver. O sea, tengo amigos que trabajan dentro de la industrial de la música y tienen que salir del hotel por la puerta de atrás.

¿Cuáles son los próximos proyectos que estás desarrollando? ¿Qué podemos esperar de tu música en el futuro cercano?

Estoy trabajando en algo que tiene que ver con los audiolibros. Es una idea que quiero explorar con una cronología inversa, de lo último hacia atrás. Es una forma diferente de narrar y de contar la historia, de una manera que no sea lineal. También estoy con un proyecto que tiene que ver con una publicación, no sé si en papel, pero sí en formato físico. La idea es sacar algo que quede como documento físico, por eso los audiolibros y otras cosas que tienen que ver con la obra tangible.
Me parece que hay una necesidad urgente de salir de la pantalla, no solo por la saturación de la información, sino por la cuestión de estar todo el tiempo pegado a la imagen. Es algo que está muy metido en nuestra cultura hoy en día, y creo que hay una urgencia de ir hacia otros formatos, a lo físico, a lo tangible, a lo que realmente se puede tocar.