Desde la vereda de enfrente, mirando el misterio.

En la intersección de Campana y Tinogasta, en el corazón de Villa del Parque, se alza uno de los edificios más enigmáticos de la Ciudad de Buenos Aires. Con cinco pisos, una cúpula visible desde varias cuadras a la redonda, esculturas de animales en sus cornisas y un torreón que rompe con la armonía del entorno, el inmueble conocido como El Palacio de los Bichos es mucho más que una rareza arquitectónica: es el epicentro de una de las leyendas urbanas más persistentes del barrio.

La historia comienza en 1910, cuando el aristócrata italiano Rafael Giordano encargó la construcción del palacio como regalo de bodas para su hija Lucía y su futuro yerno, el músico Ángel Lemos. El arquitecto Muñoz González fue el encargado del proyecto, que se terminó justo a tiempo para la celebración.

La boda se realizó con todos los honores. Se trató de un evento fastuoso, según reconstruyen fuentes orales del barrio y crónicas posteriores: hubo música en vivo, comida para decenas de invitados, y un clima festivo que parecía marcar el inicio de una nueva etapa para la joven pareja. Sin embargo, el desenlace fue trágico. Apenas treinta metros después de salir del flamante palacio rumbo a la estación para iniciar la luna de miel, el carruaje de los recién casados fue embestido por un tren. Ambos murieron en el acto. El maquinista, según se reportó, no advirtió lo ocurrido hasta llegar a la terminal de Retiro.

El impacto emocional en la familia fue inmediato. Giordano mandó cerrar la casa de manera definitiva. No volvió a habitarla nadie por décadas. Pero el silencio no trajo paz.

Ya en 1912 comenzaron los primeros rumores entre los vecinos. Algunas personas aseguraban escuchar música proveniente del interior de la casa, que permanecía cerrada a cal y canto. Otros afirmaban haber visto siluetas danzando por los ventanales, especialmente por las noches, justo cuando pasaba el tren en dirección a Retiro, a la misma hora del accidente.

La versión más difundida de la leyenda sostiene que la pareja de novios revivía eternamente su última noche de felicidad, interrumpida siempre por el estruendo del tren. Con el tiempo, los relatos se diversificaron: algunos afirmaron oír gritos de mujer, otros decían ver luces que se encendían y apagaban solas. También circularon historias de periodistas o curiosos que intentaron investigar y sufrieron accidentes, desmayos o enfermedades repentinas, como si una especie de maleficio protegiera el misterio del lugar.

Durante buena parte del siglo XX, el edificio permaneció abandonado. Su fachada se fue deteriorando y el palacio adquirió un aire gótico y siniestro que alimentó aún más las habladurías. Los niños del barrio cruzaban de vereda al pasar, y los adultos también evitaban detenerse demasiado frente a sus portones de hierro.

Recién en la década de 1990 el edificio fue adquirido por nuevos propietarios, restaurado y refuncionalizado. Hoy allí funciona un spa. Se le quitaron algunas molduras y se reforzaron sus cimientos, pero el espíritu del lugar persiste. Los trabajadores del establecimiento admiten, off the record, que “hay cosas raras”, aunque prefieren no dar detalles.

El Palacio de los Bichos forma parte del paisaje cotidiano de Villa del Parque, pero conserva una identidad que lo distingue. La combinación de tragedia histórica, arquitectura poco común y relatos sobrenaturales lo convirtió en un hito cultural no oficial del barrio.

Su nombre no figura en ninguna guía turística, pero todos en la zona saben de qué se trata. Y aunque su fachada se haya limpiado y modernizado, para muchos vecinos sigue siendo lo que fue siempre: una casa donde la historia nunca terminó de cerrarse.