Por Eduardo de la Serna
En 2016 conocí a Sebastián Armenault un ultramaratonista argentino que corría carreras pedestres de más de 100 kilómetros, atravesando montañas, selvas y desiertos a lo largo y ancho del planeta. La particularidad de este atleta es que pese al esfuerzo titánico que hacía, siempre llegaba entre los últimos de cada competencia, pero su éxito estaba dado porque con cada kilómetro recorrido conseguía que las empresas que lo patrocinaban, donaran alimentos, útiles o maquinarias a escuelas, hospitales y barrios carenciados. Su particular actividad me llevó a trabajar en la idea de un proyecto documental, que nunca llegó a filmarse, llamado EL TRIUNFO DEL FRACASO. Cuando pienso en escribir una nota acerca de las elecciones legislativas que se desarrollaron en el país el 26 de octubre, me doy cuenta de que el mejor título que le puedo poner es el de aquel proyecto trunco ¿Por qué razón? Una primera razón es evidente, el plan económico del gobierno de Javier Milei ha fracasado, sólo consiste en pedir plata prestada, que no se usa para hacer ni una ruta, ni un hospital, ni una fábrica, ni siquiera un mísero baño público. El exclusivo destino de ese dinero es perderse en la timba financiera en la que juegan los amigos del poder. No sólo ha fracasado en lo económico, también en lo político; no ha dejado sector sin insultar y sin agredir, su propia fuerza se carcome en peleas intestinas, y como si esto fuera poco; el fracaso social estalla por todos lados, la salud y la educación cayéndose a pedazos, los jubilados hambreados y apaleados, los discapacitados y enfermos terminales abandonados, un genocidio silencioso produciéndose delante de nuestros ojos y sin embargo, pese a este compendio de fracasos, el oficialismo ganó en las elecciones de octubre. Otro motivo es que, mirando los resultados, sólo se perciben fracasos electorales, incluido el de la triunfante Libertad Avanza. El gran derrotado es sin dudas el PRO de Mauricio Macri, que fue absorbido casi en su totalidad por el partido de los hermanos Milei, dejando al ex presidente convertido en un ridículo catador de milanesas. No le va en zaga la derrota de Provincias Unidas, partido que llegó a los comicios con Schiaretti y Pullaro como candidatos presidenciables y ambos terminaron siendo derrotados por los libertarios con claridad en sus propios territorios. Otro tanto sucedió con el Radicalismo y sus derivados; la Coalición Cívica y el Republicanismo, quienes ven disminuida su presencia legislativa de manera considerable. Luego aparecen el peronismo y la izquierda como módicos perdedores, el justicialismo cedió sólo un punto con respecto a la primera vuelta de Massa en las presidenciales de 2023, perdió varios senadores, pero logró mantener su representación en la cámara de diputados, a su vez el FITU perdió un diputado pero hizo una buena elección en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Por último queda la Libertad Avanza que, aliada con el PRO, triunfó con el 41% de los votos a nivel nacional pero si se compara esta cifra con el 54% de los votos obtenido en la primera vuelta de las elecciones de 2023 por Javier Milei (30%) y Patricia Bullrich (24%) es notoria la merma de votantes sufrida por la coalición gobernante ¡Los triunfadores perdieron 13 puntos en dos años! Ningún otro espacio sufrió semejante sangría, obviamente relacionada con el desgaste que produce el ejercicio del poder. Se da entonces la paradoja de que perdieron todos pero aun así uno de ellos ganó. Aunque podríamos pensar que ese ganador no es Javier Milei sino Donald Trump, quien trajo sus dólares para hacer pingües ganancias en la bicicleta financiera argentina (ahora llamada carry trade) y controlar sin ningún eufemismo la política económica de nuestro país. Llegado a este punto cabe hacer una reflexión final sobre el gran fracaso de la sociedad argentina que con su voto ha otorgado el gobierno de la nación a una potencia extranjera. Desgraciadamente esta apuesta de los electores en favor de la pérdida de soberanía e independencia del país se debe más a la complacencia que al miedo que mencionan diversos analistas políticos. Una renovada y creciente ola de vocación colonial sacude nuestros cimientos. Dentro de esas muchedumbres que festejaron un campeonato mundial de fútbol envueltos en los colores celeste y blanco, son muchos los que creen que este es un país de mierda y a los que les encantaría vivir en Miami y pagar impuestos allí, el presidente de la Nación incluido (Sólo basta ver sus declaraciones previas a la elección de 2023 y averiguar donde tiene propiedades). Pensar en el factor miedo como motivo fundamental del resultado electoral, es tirar la pelota afuera, echarle la culpa a otro, para no enfrentar el grave problema que significa asumir que una franja importante de los habitantes argentinos, desilusionados con los sucesivos gobiernos elegidos, prefiere vivir en una colonia a vivir en una nación libre, independiente y soberana.