Por Eduardo de la Serna

En los últimos meses, es muy común encontrar ciudadanos que justifican su apoyo al presidente Milei diciendo: “Está haciendo lo que se comprometió a hacer” y uno no puede menos que quedar boquiabierto ante una negación tan evidente de la realidad, casi de la misma familia con la que muchos de los votantes de la Libertad Avanza justificaron su decisión electoral diciendo “Lo voto porque no va a hacer lo que dice que va a hacer”. Algo así como la sinrazón de la razón. Una manera tan absurda de analizar la dinámica política, que nos ha empujado al abismo fantaseando con la idea de que algún día nos pueden crecer alas. Lo único que Javier Milei prometió en campaña y está cumpliendo es insultar y maltratar a cualquiera que se le oponga y no mucho más. Prometió que no aumentaría tarifas hasta que la economía se recuperara (subieron entre 300% y 1.200%), que no se metería con los planes sociales (congeló el potenciar trabajo), que bajaría la inflación y  en 5 meses lleva un 15,8% de inflación mensual promedio, contra 7,4% de su antecesor en 15 meses (es decir que duplicó la inflación), que terminaría con la corrupción y los curros de la política (En los primeros meses de gestión ningún otro gobierno ha acumulado tantas situaciones turbias como éste; hoteles y aviones que no se sabe quién los paga, oficinas públicas llenas de parientes y trolls, aumentos de sueldo escandalosos, ñoquis contratados por el ministerio de Capital Humano, etc, etc, etc) y que se cortaría los brazos antes de crear o subir  impuestos (Aumentó el PAIS, retornó con el cobro del IVA y promueve el regreso de Ganancias, un impuesto que el mismo se había encargado de defenestrar en la Cámara de Diputados unos meses atrás). A esta altura, muchos piensan que para demostrar que él es “un hombre de bien” que cumple sus compromisos y no un chanta como muchos de los políticos, no sólo se tendría que cortar los brazos sino también alguna otra parte del cuerpo. Quizá en su próximo Show en el Luna Park, cumpla con lo que promete. Pero la más significativa de sus mentiras fue repetir hasta el hartazgo: “El ajuste que haremos lo pagará la casta”, sin embargo lo primero que hizo antes de llegar al ballotage fue aliarse con Mauricio Macri, referente máximo de la casta económica y política de este país. Ya en el ejercicio de sus funciones, se ha rodeado de buena parte de la casta política; el Ministro de Interior, ahora jefe de gabinete, Guillermo Francos hace más de 50 años que vive de sus sueldos de funcionario público de diferentes gobiernos, otro tanto sucede con Patricia Bullrich o Daniel Scioli. En el plano económico, tiene a dos expertos en desvalijar al Estado Nacional (LA TUYA) con artilugios financieros; Federico Sturzenegger, funcionario de Macri y segundo de Domingo Cavallo, procesado por su relación con la fuga de divisas durante el gobierno de De la Rua y el Ministro de Economía, Luis Caputo, a quién, en campaña, el propio Milei calificaba de irresponsable y desastre por haberse “fumado” 15.000 millones de dólares del Banco Central (LA TUYA) y ahora nos quiere convencer de que es un Rockstar digno de un Premio Nobel. En cuanto a la casta económica, es evidente que no está pagando nada y por el contrario es la gran beneficiaria de este plan económico. Eurnekian, Rocca, Galperín, Werthein, Elsztain, Sielecki, Bulgheroni y compañía escriben las leyes y cogobiernan para apropiarse de una tajada (mucho mayor de la que ya se apropian) del esfuerzo de todos los argentinos. Son ellos los que principalmente se han apoderado y se apoderan de LA TUYA, pero son insaciables, quieren más y más, y si destruimos las posibilidades de control del Estado, cada vez se quedarán con un pedazo más grande de la torta. Está más que claro que este es un gobierno de ricos para ricos y que el ajuste lo pagan los pobres, los jubilados y la clase media a la que este plan pretende liquidar, haciendo descender a la mitad de sus integrantes a una vida de subsistencia para reconformar el tejido social de nuestro país (destacado en el continente por poseer un sector predominante con ingresos medios) en una sociedad de país “bananero” latinoamericano donde gobierna y disfruta una elite mientras la mayoría de los habitantes vive en la pobreza. Una enorme transferencia de recursos desde los sectores menos pudientes hacia los ya privilegiados de la sociedad. Hoy, Argentina es el reino de la casta y el presidente el más “casta” de todos, viajando por el mundo y dándose la gran vida (con LA TUYA) mientras el país se prende fuego en medio de una recesión galopante. Como diría Francisco de Quevedo: “Nadie promete tanto como el que no va a cumplir