Por Eduardo de la Serna
Según el diccionario de la Real Academia Española, terrorista es aquella persona que comete actos violentos para infundir terror. Un delito grave. Lo ocurrido durante las manifestaciones en contra de la sanción de la Ley Bases en el Senado de la Nación volvió a colocar sobre el tapete la discusión acerca de qué condiciones determinan que alguien pueda ser incluido en esa categoría delictiva, ya que desde el gobierno nacional se acusó de “terroristas que intentaban dar un golpe de estado” a los 33 detenidos durante esa jornada. La acusación dotada de un cinismo a toda prueba, se hizo a los pocos días de que el Presidente de la Nación declarara ser “…un topo infiltrado para destruir al Estado desde adentro” ¿Qué es dar un golpe de Estado? ¿Quiénes serían entonces los golpistas? ¿Los que se manifestaban contra la sanción de una ley o el presidente y sus funcionarios que admiten accionar para destruir el Estado Nacional? Es llamativo observar cómo desde el poder se endilga el mote de terroristas a quienes se le oponen. Los integrantes de las organizaciones que se opusieron a la última dictadura militar fueron acusados de terroristas, con la complicidad de los medios de comunicación, sin embargo los integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad que los reprimieron sembrando el terror a diestra y siniestra, nunca fueron nombrados de esa manera, ni fueron enjuiciados bajo ese cargo, pese a que la política general de esos gobiernos de facto haya sido catalogada como Terrorismo de Estado. No parece casual que eso haya ocurrido y siga ocurriendo, sino más bien una planificada política comunicacional para degradar a los opositores ante la opinión pública. La historia de la humanidad demuestra que el terror es sembrado con mucha más asiduidad y vehemencia por los que detentan el poder, que por aquellos que se le oponen. Todo el que quiso, pudo observar las imágenes de la represión en aquella jornada del 12 de junio: Uniformados atacando con inusitada violencia a un grupo de diputados que pretendían hablar con los responsables del operativo, bañando en gas pimienta y pisoteando a una jubilada que intentaba recuperar sus anteojos, atropellando con sus motos a un indigente, deteniendo con fuerza desbocada a una mujer que cruzaba la calle, a un vecino que quería llegar a su casa o a un comerciante callejero mientras guardaba una parrilla en su automóvil. Todo esto además de la catarata de gases y balas de goma que lanzaron a los manifestantes en escenas dignas de una cacería humana, dejando en claro que su accionar tenía como principal intensión producir el terror entre los opositores. A las y los estudiantes, trabajadores y desocupados detenidos y acusados de terroristas por la Ministra de Seguridad, a lo sumo a alguno se le puede endilgar Resistencia a la Autoridad ¿Pero no es lógico acaso que uno se resista a una autoridad que intenta sembrar el terror? Casualmente, los “manifestantes” que quemaron un auto frente a la inacción policial y las cámaras de los grupos Clarín y La Nación (Otra casualidad) no fueron detenidos, ni acusados. Paradójicamente, la Ministra Bullrich que los acusa, tiene un largo historial ejerciendo la violencia política. Cabe recordar que en la campaña electoral, el actual presidente, Javier Milei, la acusó de poner bombas en jardines de infantes. Aunque no mencionó que Patricia, cuyos nombres de guerra eran Carolina Serrano o Cali, estuvo vinculada al secuestro de los hermanos Born en el que, además del chofer, falleció su propio tío, el gerente de la empresa Alberto Bosch. No son las únicas muertes violentas a las que se la vincula, siendo ministra de Mauricio Macri intentó encubrir los asesinatos realizados por las fuerzas armadas y de seguridad de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y Juan Kukoc. Durante esa gestión, infiltró con desmanes todas las marchas de protesta y junto a su actual pareja Guillermo Yanco (reconocido lobista del gobierno israelí) y el traficante de armas Mario Montoto (ex guarda espalda del líder Montonero Mario Firmenich) realizaron con el dinero público pingües negociados con la industria bélica israelí. Como si esto fuera poco, se la relaciona con la muerte del Fiscal Nisman (a quién llamó hasta último momento) y la desaparición de pruebas del teléfono móvil de su colaborador Gerardo Millman, mencionado como mentor del intento de asesinato de la ex presidenta Cristina Kirchner. Es bueno recordar que su ex marido Marcelo Langieri, fue dirigente montonero, así como su cuñado Rodolfo Galimberti. Como el presidente Javier Milei es conocida por sus constantes declaraciones agraviantes y amenazantes hacia dirigentes sociales y políticos. Como se ve; la violencia, la amenaza y el terror han sido y son prácticas habituales en su accionar político. No sería hora de qué nos preguntemos ¿Quién de nosotros es el terrorista?