Astrid es bailarina, actriz y performer. Estudió en la Universad Nacional de Arte y conformó el grupo Lalala Danza. En mayo de este año estrenó su obra “Sexi, cálida y 3D” en Fundación Cazadores y continúan las presentaciones en diferentes salas del país. Para seguirla en instagram: @bicho_agg.

¿Cómo es tu relación con el barrio en el que naciste? ¿Qué recuerdos tenés de esa infancia?
En este momento vivo en Villa del Parque, pero nací en el barrio de La Boca. Con mi familia siempre nos estuvimos mudando, así que viví en Constitución, Pompeya, Villa Soldati, San Telmo y Caballito.
Mi secundaria estaba en pleno microcentro. Fui a la Escuela Nacional de Danzas Aida V. Matrazzi, que queda en el barrio San Nicolás, muy cerca del Obelisco.
Mi barrio está compuesto por todos esos lugares que nombré; podría unificarlos y armar un gran barrio porteño de la infancia y la adolescencia. Actualmente voy al microcentro a trabajar. Me gusta viajar hasta allá, recorrer el barrio de nuevo con distancia. En este momento estoy con ganas de conocerlo desde otro lugar, detenerme un poco, entrar a los lugares con la intención de descubrirlos otra vez.
Los recuerdos que tengo están atravesados por el movimiento permanente: cambiar de casas, ambientes, compartir vivienda con otras familias, cambiar de colegios y amistades. Mudarse fue parte de mi infancia, empatándole al movimiento continuo de la ciudad.
Mis padres me llevaban mucho a actividades culturales gratuitas. Íbamos a ver bandas importantes que tocaban al aire libre, a exposiciones en centros culturales. Recuerdo festivales como Buenos Aires no Duerme. Había mucha movida cultural en medio de una precariedad absoluta para mi familia; la guita no alcanzaba, no se podía pagar el alquiler, pero se buscaban momentos de disfrute y las ganas de encontrar otros mundos, otros lenguajes, que encontrabas en las diferentes actividades que se desplegaban en la ciudad.
¿De qué manera empezó tu vínculo con el mundo del teatro y la danza?
Empezó jugando, imaginando mundos, armando coreografías para que mis peluches me miraran, preparando pequeños espectáculos para la familia. Tenía tres años y me aprendía las coreografías de Reina Reech tal cual y muy rápido.
Siempre me gustó expresarme con el cuerpo, poner música y bailarla, imaginarme las posibles escenografías y vestuarios.
Hice patinaje artístico sobre ruedas durante varios años y después empecé a ir a la Escuela Nacional de Danzas. Allí tenía bachillerato a la mañana y magisterio a la tarde; pasaba todo el día en la escuela.
Cuando tuve que decidir en qué carrera anotarme al terminar la secundaria, dudé. ¿La danza tenía salida laboral? No sé por qué pensé en ser bioquímica; mi mamá es médica, quizás venía por ahí. Mis viejos me sugirieron que me anotara en el IUNA, que le siguiera el rastro a lo que me gustaba hacer. La danza empezó a ser algo más que bailar, más que conocer e incorporar algunas técnicas. El terreno del movimiento se amplió; conocí a mucha gente espectacular, armábamos nuestros propios trabajos, pensábamos juntxs el movimiento y creábamos en conjunto.
Mi tránsito por el IUNA también estuvo atravesado por el estudiantazo del año 2010. En ese momento, tomamos la universidad exigiendo un edificio propio. Tuvimos asambleas, organizamos diferentes actividades culturales y articulamos con otras agrupaciones y universidades. Ahí conocí a mis amigas con las cuales conformamos un grupo llamado Lalala Danza. Este año cumplimos 10 años y seguimos creando juntas.
Acabas de estrenar “Sexi, cálida y 3D”. ¿Cómo empezó el proceso de esta activación y desde qué lugar lo abordaste?
En el año 2023 empezamos a ensayar con el equipo conformado por Mauro Panuncio en asistencia e iluminación, Natalia Anselmi y Macarena Orueta en asistencia, y Lucas Forte en la música. Tuvimos la oportunidad de estar en residencia en un espacio hermoso llamado Nos en Vera; teníamos dos encuentros de cuatro horas por semana durante un mes y abrimos el trabajo el 17 de diciembre de ese mismo año. Fue realmente un privilegio trabajar con ellxs y contar con ese espacio y tiempo para crear en conjunto esta performance.
Me interesa pensar el movimiento: cómo, desde dónde, en relación a qué, cómo eso se despliega en el cuerpo, qué corporalidades arma el movimiento, qué pensamientos aparecen cuando algo se mueve. Son preguntas e ideas que me permiten desplegar pruebas e imaginarios.
Ahora abordo las pruebas de movimiento desde la materialidad del cuerpo para cortar un poco la inercia de dar por hecho que tenemos uno. Es un punto de partida. Volver a descubrir la corporalidad es lo que se despliega en Sexi Cálida y 3D, y esa búsqueda está en relación con otras materialidades (gelatinas, piedras, globos, nylons transparentes), pero también con el espacio, la música, la luz, el humor y todo lo que acontezca en ese momento.
Es un cuerpo en búsqueda de sensaciones, pero que a la vez es transformado por aquellas otras materialidades. Los relatos y las imágenes van y vienen, porque el fin de la performance no es contar algo, sino hacer sentir y que las interpretaciones broten.
En mayo de 2024 estrenamos en Fundación Cazadores y se sumaron Sofía Faia Saraniti y Marin Spano con un material audiovisual espectacular, que permitía al espectador hacer zoom en esa relación cuerpo-materia y sus efectos.
«El fin de la performance no es contar algo, sino hacer sentir y que las interpretaciones broten»
Astrid Gómez Grosschadl
¿Cómo convive tu faceta performática con la musical?
Siempre me gustó mucho la música; es inspiradora y compañera. Escucho muchísimo y de todo. Mi papá es músico, su proyecto se llama Entropía 11.7.10 y utiliza el Ableton Live como una herramienta más para la producción musical.
Me empecé a interesar en ese programa. No sabía tocar instrumentos y tenía ganas de fabricar texturas y ritmos. Comencé a tomar clases de producción musical en Ableton Live con Barda. Allí hice mis primeros tracks, participé en algunos festivales del sello discográfico Fértil Discos, me invitaron a realizar un streaming en pandemia y armé algunos sets para Radio Electrónica Argentina. Todas esas experiencias me dieron la oportunidad de seguir creando e investigando.
Me gustó mucho hacer música para algunas obras de danza. Que me cuenten de qué va la performance u obra, qué se imaginan, qué referencias tienen, y construir una sonoridad propia del material escénico.
No soy música y por eso lo que hago es tan experimental y desordenado. Hay una búsqueda de crear ambientes o simplemente probar y superponer cosas y ahí sale algo.
¿Cuál es tu militancia del día a día?
Mi militancia del día a día va cambiado. Hoy se trata de no alejarme de lo que me gusta y sé hacer. Siempre fue difícil dedicarse al arte; pareciera que no es por ahí, que deberías dedicarte a otra cosa. Así que estoy trabajando en no alejarme del lugar que me convoca, que no me corra la guita que nunca alcanza, que no me corran las expectativas externas o internas, que no me corran las redes sociales, etc. Trato de no perderme o perderme bien. Me gusta estar pensando en algo, en proyectos de investigación, en procesos creativos con personas que admiro. Me interesa que los proyectos transformen un poco el cotidiano. Me interesa defender el tiempo para estar en lo que nos mueve sin enajenarnos, en diálogo con nuestro contexto, tan difícil y hostil. En definitiva, somos parte de esta realidad y hay que intervenirla con más encuentros entre amigxs y colegas para imaginar otros mundos posibles y moverse un poco.