A lo largo de la historia de la humanidad, las demostraciones de crueldad han sido utilizadas por los poderosos para amedrentar a aquellos que osaran oponérseles. Desde las crucifixiones romanas, hasta las hogueras del medioevo pasando por la exhibición de los guillotinados o los descuartizados, la barbarie sanguinaria del ser humano ha constituido una constante de su historia. Los argentinos no hemos sido ajenos a esta bestialidad, baste  recordar como ejemplo a Domingo Faustino Sarmiento, el mismo héroe de la educación argentina, quien siendo gobernador de la provincia de San Juan le escribió al por entonces presidente de la Nación; Bartolomé Mitre acerca del asesinato, decapitación y exhibición de la cabeza del caudillo riojano Chacho Peñaloza, luego de que éste se entregara a la fuerzas oficiales comandadas por el coronel Irrazábal: “No sé lo que pensarán de la ejecución del Chacho. Yo inspirado por el sentimiento de los hombres pacíficos y honrados aquí he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se abrían aquietado en seis meses”. Con el paso del tiempo y los avances tecnológicos, la ostentación de la crueldad por parte del poder fue tomando nuevas formas, algunas más sofisticadas y sutiles. Por ejemplo el arte de la fotografía o la utilización de las redes sociales como vidriera obscena del salvajismo. En cuanto a las fotos podemos recordar la frase popular que dice “una imagen vale más que mil palabras” atribuida a varios personajes de la historia. Quizá basándose en ella es que el gobierno del presidente Milei haya decidido en los últimos meses ofrecernos una serie de imágenes crueles a todos los argentinos, con la intención de mostrarnos lo férreo de su poder y lo poco que les preocupa el daño que sus políticas pueden producir en los ciudadanos. Se puede tomar como punto de partida de este regodeo en la inhumanidad aquel 9 de julio cuando el presidente y la vicepresidenta se fotografiaron paseando en un tanque a carcajada limpia para mostrar su poder de fuego a cualquiera que quisiera oponérsele, que continuó luego con la foto de los diputados del oficialismo visitando a los genocidas en el penal de Ezeiza, apenas cuarenta y ocho horasdespués, como una reivindicación de la dictadura militar y de sus métodos represivos que incluyen la tortura, el asesinato, el robo de bebes, el robo de bienes y la desaparición de personas. Las imágenes de la crueldad como provocación, como amenaza. A estas fotografías, se le fueron sucediendo otras, tanto o más bestiales. El 11 de septiembre la policía atacó con gas lacrimógeno a una niña de 10 años que protestaba junto a su madre por el veto al aumento de las jubilaciones, que condena a un genocidio silencioso a los adultos mayores. Esta vez, la foto de la bestia uniformada sirvió para desmontar una operación maquiavélica ideada por la ministra de seguridad Patricia Bullrich, en complicidad