Juan Pablo Menchón es editor en el mundo del audiovisual y también en el de los libros. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA y montaje en la ENERC. Participó en varias peliculas, entre ellas Trento de F.F. Coppola, Muerte en Buenos Aires de Natalia Meta, El Clan de Pablo Trapero y Zama de Lucrecia Martel.
¿Cómo es tu relación con el barrio en el que naciste?
Tengo una relación muy linda y cercana, nací en Dolores, provincia de Bs As, que además de tener una miel deliciosa, buenos pastelitos y unos tremendos atardeceres allá viven mi mamá y papá, mis tíos, primos y las perras de la familia, así que vamos muy seguido de visita con mis hermanas, también hago vuelo a vela en el aeroclub así que cada vez que se puede aprovecho a escaparme a visitar y volar.
Como es una ciudad bajita es puro cielo, así que las caminatas de noche son uno de los placeres más lindos, igual en 2 horas te diste 40 vueltas al pueblo, pero con un cielazo. Y frio, mucho frio, eso sí.
¿Cómo fue tu participación en la película “Tetro” de Francis Ford Coppola donde tuviste la fortuna de ser asistente de Walter Murch?
Fue un golpazo de suerte y una experiencia increíble. Recién terminaba la carrera de montaje en la ENERC y una amiga me llamo que necesitaban un ayudante en el equipo de montaje para darles una mano haciendo actividades más de carpintero que editoriales (de hecho mis primeros dos trabajos fueron construir las famosas mesas para editar de pie y las planchas con los fotogramas de cada escena de la peli)
Era un trabajo de dos semanas, pero me hice amigo de la gente del equipo (los dos Walter Murch “viejo” y “joven” como se hacían llamar padre e hijo, y Ezequiel Borovinsky) fueron apareciendo nuevas tareas, y empecé a darles una mano con pedidos de asistencia editorial (fui aprendiendo el oficio y poniendo en práctica lo que hacía poco había estudiado) y me termine quedando hasta que termino el proyecto.
Nunca me voy a olvidar el segundo día de trabajo mientras atornillaba una mesa nos llama Walter viejo y nos hace entrar a los tres a su sala a ver el armado de una escena para que le dijéramos que nos parecía, nos explicó el porqué de algunos cortes, sus decisiones de valores de planos, una prueba que intento y no le salió, fue una clase. Esas generosidades se repitieron mucho a lo largo del proyecto, y también aprendí un montón sobre los métodos de organización de una peli que me sirvieron mucho para mi trabajo como asistente hasta hoy.
¿Cuándo sabes que una película está «lista»?
Es una decisión difícil de tomar, porque creo que podrías estar ajustando, retocando y probando cosas hasta el infinito. Más allá de la obsesión o perfeccionismo que se pueda tener puliendo un relato hay algo muy lúdico y hermoso en desarmar y rearmar con otras piezas solo para ver qué pasa y maravillarse con esos resultados que podría volverse una actividad eterna.
Pero creo que uno de los criterios más claros que me ayuda a entender si el corte está listo para salir es lo que me pasa cuando lo comparto con gente de confianza y no siento incomodidad mientras lo vemos. Ese mismo criterio me sirve mucho para entender en tiempo real en que partes un armado no me parece estar funcionando y que capaz racionalmente no veo. De golpe empezas a sentir como una molestia con lo que estás viendo, un corte, una frase que te parece de más, una escena que interrumpe, algo que sentís que no se entiende, una música que molesta.
Trato de tomar notas de esos momentos y después trabajarlos.
Y también confiar en las devoluciones que te hagan, sobre todo en términos de claridad de lo que estas contando.
Ah, y los deadlines, jaja, que son una especie de apurón forzado a dar un cierre, pero que muchas veces vienen muy bien.
Además, has desarrollado una editorial autogestora ¿Cómo empezó ese proyecto y hacia dónde va?
Empezó en un taller de encuadernación que hicimos con mis hermanas Angela e Inés. En esa época Ange estaba terminando de escribir un libro con el colectivo de filosofía con niñxs al que pertenece y se nos ocurrió hacer una edición propia.
Y así nació Seisdedos, una editorial artesanal, fraternal y autogestiva que llevamos adelante mis hermanas y yo.
De esa primera publicación vendimos muchas copias y con lo que nos quedó pudimos financiar la edición de la historieta de un amigo, y así de a poquito empezamos a sumar autorxs y producciones y armamos la rueda donde las ventas de una producción en general nos financian las primeras copias de la próxima.
Hacemos una primera tirada de 60 u 80 copias, realizadas íntegramente a mano en nuestras casas taller en Once y Monserrat y a partir de ahí producimos a demanda y para tener stock para llevar a ferias o envíos por encargo.
Un par de libros que tienen una demanda que ya ha excedido nuestra capacidad de producción artesanal los volvimos a editar en una segunda o tercera tirada con formato industrial, más clásico.
Como lxs tres trabajamos en otras cosas cuidamos el espacio editorial como un lugar de encuentro, de disfrute y compartir, por eso también evaluamos bastante y nos tomamos nuestro tiempo para editar nuevos textos y autorxs.
Ahora estamos trabajando en una colaboración con unas editoras mexicanas con un libro que se va a llamar Filosofía de la bicicleta, y hace poco lanzamos una traducción propia de un capítulo de un libro de Guillermo Hudson que se llama “Música y danza en la naturaleza”
¿Construiste un telescopio?
¡Sí! fue un proyecto que pude desarrollar gracias al taller de óptica de la Asociación Amigos de la astronomía, el cual recomiendo que visiten y experimenten. Mi sueño era construir un telescopio con el cual pudiera compartir Saturno y la Luna con quien tenga ganas de acercarse.
Me llevó como dos años de mucha constancia y aprendizaje, de ir al taller lunes, miércoles y viernes después del trabajo (en ese momento estaba trabajando en una película que se llama Muerte en Buenos Aires) a pulir un vidrio escuchando la radio, charlando con los compañerxs astroaficionadxs. Un día ese vidrio tuvo forma de semiesfera, luego se convirtió en un espejo y esos espejos se convirtieron en “El Curioso”. Cada vez que salgo de viaje viene conmigo, y en cada camping, plaza, vereda o cielo que puedo lo armo e invito a la gente a acercarse a ver y compartir lo que este sucediendo en el cielo en ese momento. La luna menguante o creciente es inolvidable, Saturno parece de mentira y Júpiter una pelotita de ping-pong llena de satélites que cambian cada noche que los miras.
Tengo hace años un proyecto sueño de ir viajando y registrando estas juntadas luneras, mezclando telescopio, federalismo y cine, ya encontrará su forma.