La Casa de Juventudes, inaugurada en 2016 como un espacio inclusivo para jóvenes en situación de vulnerabilidad, ha cerrado de forma indefinida. La falta de personal, provocada por recortes y bajas de contratos, impide su funcionamiento.

La semana pasada, trabajadores de la Casa de Juventudes en Beiró y Chivilcoy comunicaron el cierre definitivo de este espacio para jóvenes. En el comunicado señalaron: “En el contexto de despidos llevados a cabo por el Gobierno Nacional, liderados por el presidente Javier Milei y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, la Casa de Juventudes cerrará de forma permanente por falta de personal que pueda garantizar su funcionamiento”.

La Casa de Juventudes, ubicada en el barrio de Villa Devoto, fue inaugurada en julio de 2016 bajo el nombre de Casa del Futuro, por el entonces presidente Mauricio Macri. Este fue el primer centro de varios construidos en diferentes provincias, con el propósito de crear espacios para la inclusión de jóvenes en situación de vulnerabilidad, donde pudieran estudiar oficios, hacer deportes, practicar artes y tener un lugar de esparcimiento. Aunque muchas de estas casas fueron luego gestionadas por municipios o provincias, adaptándose a las necesidades locales, la de Devoto fue la única que siguió bajo la administración del Estado Nacional.

Durante su inauguración, la antigua casona de Sánchez Picado fue restaurada respetando la fachada, pero renovada por dentro para recibir hasta 800 jóvenes. Contaba con aulas para la enseñanza de oficios, un salón de danza equipado con pisos flotantes y espejos, una sala de informática, un área de juegos y un amplio patio. En su primer año, la casa recibió a 8.434 jóvenes, ofreció 128 talleres y organizó 63 actividades, según datos compartidos por su directora en ese entonces, Victoria Anelli, quien celebraba el éxito del proyecto, donde asistían chicos de Devoto, de la villa Fraga y de Fuerte Apache.

Hoy, un cartel escrito a mano en el portón de acceso en Beiró 3945 informa el cierre de la Casa «hasta nuevo aviso». Actualmente, solo queda personal de vigilancia y dos trabajadoras de mantenimiento, quienes intentan mantener el lugar en condiciones mínimas. “Empezamos el año siendo 16, y en lo que va del año, seis ya buscaron otros trabajos. Al final habíamos quedado diez, pero nos bajaron los contratos a todos, excepto los de planta que, si no encuentran un nuevo lugar, quedan en disponibilidad. Si nadie los reasigna en ese tiempo, pierden el contrato”, explicó una ex-trabajadora, quien prefirió mantenerse en anonimato.

Agregó también: “La mayoría éramos planta transitoria y, al darnos de baja, ni siquiera podemos tramitar en ANSES el fondo de desempleo. Aunque tenemos recibos y nos hacen los descuentos, para ANSES y el Estado, no estuvimos en relación de dependencia”. Entre el personal había trabajadoras con hasta 28 años en esta situación, renovando contratos cada año.