Durante el mes de marzo se cumplen 50 años del comienzo de la última dictadura cívico-militar en Argentina. Un gobierno que sembró el terror a diestra y siniestra, que implementó más de 800 centros de tormento dejando una fatídica herencia de decenas de miles de personas torturadas, detenidas, desaparecidas, asesinadas, a quienes se privó además de bienes y familias. Una dictadura a la cual el sistema judicial argentino no ha terminado de juzgar y cuyos delitos aún siguen vigentes en nuestra sociedad, ya que pese al enorme esfuerzo de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, que ha recuperado la identidad de 140 nietos y nietas, todavía siguen viviendo entre nosotros más de 250 personas a quienes siendo niños, muchos de ellos recién nacidos, se los privó de su identidad y  sus lazos familiares. Así suele operar el poder opresor, dejando una muestra de su crueldad esparcida en el tiempo, como un campo minado, como un germen latente del terror que alberga la pretensión de aleccionar a las futuras generaciones. Una dictadura que llegó para imponer un plan económico que empoderara a los mercados y la especulación financiera y al mismo tiempo desempoderara a los trabajadores. Una dictadura que destruyó a la industria nacional y acrecentó nuestra deuda externa a límites exorbitantes. Una tiranía que necesitó de un festín sanguinario para imponerse.

Terrorismo es la pretensión de dominar a una sociedad a través del terror y puede aplicarse tanto a opositores como a oficialistas. Cuando la intención de sembrar el pánico es ejercida desde el gobierno hacia los propios habitantes del país se habla de terrorismo de Estado, tal como ocurrió en nuestro país en 1976 y en varias oportunidades a lo largo de su historia. No es condición necesaria que el gobierno que ejerce el terror sea ilegítimo o no haya sido elegido por el pueblo, gobiernos elegidos democráticamente pueden cometer actos autoritarios y horrorosos hacia su propio pueblo con tal de mantenerse en el poder. Llama la atención la particular manera de utilizar  el término terrorismo o terrorista que tienen funcionarios gubernamentales y periodistas. Cuando se producen actos violentos y sangrientos entre dos estados, se habla de acciones de guerra y no de terrorismo, pese a que en una guerra el terror de los pueblos está garantizado. Tenemos el ejemplo de estos días en Medio Oriente,  Las acciones se iniciaron con las eficientes y precisas fuerzas armadas israelíes bombardeando una escuela iraní y matando a más de 100 niñas que allí se encontraban y como si ese terror fuera poco, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump se jacta de haber asesinado al líder religioso del gobierno iraní, a su hija, a su yerno y a su nieto. En una acción terrorista sin precedentes, violatoria de todas las reglas del derecho internacional y que sólo pretende inocular miedo. El mismo Presidente que viene de asesinar a más de 100 personas en aguas internacionales sin dar explicaciones, el mismo que asola las ciudades de su país con un grupo paramilitar legalizado que golpea, detiene y asesina a ciudadanos norteamericanos e inmigrantes, el mismo que llamó a sus seguidores a tomar el capitolio para desconocer el resultado de las elecciones que había perdido, el mismo que acaba de secuestrar al presidente de Venezuela no sin antes asesinar a más de 50 personas, el mismo que amenazó a los pueblos de Argentina, Honduras y Chile para que votaran por sus candidatos, el mismo que amenazó a Canadá, Groenlandia, México, Colombia y Cuba con atacarlos  ¡Ah cierto! Me olvidaba de que los países occidentales del primer mundo y sus aliados nunca cometen actos de terrorismo, que nunca intentan dominar a una sociedad a través del terror, que terroristas sólo pueden ser los orientales con turbante y algunos morochos africanos o sudamericanos. ¡De sus 250 años de historia los Estados Unidos de Norteamérica han estado en guerra en 234! ¡Toda su existencia dedicada a sembrar terror en el mundo! Sin embargo, los terroristas siempre son otros, y esto no pretende exculpar a Irán del terrorismo de estado que ejerce sobre su población ¿Cuánto tiempo podrá seguir existiendo un planeta en el que sembrar el terror es cosa de todos los días? ¿Cuánto tiempo podrá seguir existiendo un país como la Argentina, con un presidente que actúa como perrito faldero de Trump y esparce odio cada vez que abre la boca? ¿Cuánto tiempo podrá seguir siendo Argentina un país soberano e independiente con un gobierno empeñado en destruir la producción nacional de cualquier producto elaborado, con una casta dirigencial que tiene como único objetivo evadir su riqueza al exterior?  Por eso es tan importante mantener la memoria y recordar que en éste país hubo 30.000 detenidos desaparecidos por oponerse a una dictadura que quiso imponer un plan económico de características similares al que hoy intenta implementar Javier Milei a los cachetazos y que fracasó estrepitosamente dejando al país sumido en el dolor, el endeudamiento y la pobreza. No hay que olvidar la historia, por un país con memoria, verdad y justicia: NUNCA MÁS.

por Eduardo de la Serna