Cada viernes, decenas de personas se acercan por comida y contención. Los voluntarios buscan donaciones para garantizar alimentos y abrigo durante todo el año.
En el barrio de Agronomía, un grupo de vecinos sostiene desde hace años, a pulmón, sin apoyo institucional y con un compromiso comunitario que crece semana a semana, un merendero y una recorrida nocturna que ya se convirtieron en un sostén imprescindible para personas en situación de calle y familias del barrio que atraviesan una delicada situación económica. En un contexto donde a muchos hogares les cuesta cada vez más poner un plato de comida sobre la mesa, esta iniciativa vuelve a apelar a la solidaridad barrial para poder seguir acompañando a quienes más lo necesitan.
Todos los viernes, a las 19.30, frente al Easy de Warnes y Chorroarín, el merendero despliega termos, ollas, mesas improvisadas y una calidez que trasciende cualquier recurso material. Allí se acerca un grupo cada vez más numeroso de personas que buscan algo caliente para tomar, un alimento, una fruta o un paquete de galletitas, pero también un espacio donde conversar, compartir lo que están viviendo y sentirse escuchados. En los últimos meses, atentos a cómo se agrava la situación social, los voluntarios decidieron sumar una recorrida nocturna semanal por las calles de Agronomía para acercar alimentos, abrigo y un contacto humano a quienes pasan la noche a la intemperie.
El trabajo es completamente comunitario y se sostiene únicamente gracias a las donaciones y al tiempo que aportan vecinos y vecinas del barrio. Por eso, los organizadores lanzaron un pedido especial: necesitan del aporte de todos para poder continuar con la asistencia. Explican que lo que más hace falta son productos que permitan armar meriendas rápidas y nutritivas, como leche en polvo, jugos en sobre, chocolate en polvo, sopas instantáneas, galletitas y budines. No se trata de grandes cantidades: incluso una sola sopa representa que alguien pueda tomar algo caliente antes de acostarse, un gesto mínimo que, en la calle, tiene un valor inmenso. También reciben frutas, café, té, alimentos saludables para la merienda y dinero en efectivo para completar compras cuando los insumos escasean.
Además de las donaciones, quienes tienen ganas de ayudar pueden acercarse algún viernes para dar una mano en la entrega. No es necesario comprometerse todas las semanas: con dos o tres encuentros ya se brinda una ayuda invaluable, remarcan los organizadores, y se fortalece el tejido comunitario que hoy, más que nunca, necesita sostenerse entre todos.
Los voluntarios cuentan que, con el correr de los viernes, lo que más se evidencia es que muchas personas no se acercan solo por el alimento. Buscan conversación, contención, un rato para sentirse parte de un espacio que los reconoce y los escucha. La confianza que se genera permite que quienes están en situación de calle compartan sus historias, sus recorridos y las múltiples necesidades que atraviesan en su vida cotidiana. Y ese intercambio transforma. Dicen quienes colaboran que ayudar no solo beneficia a quienes reciben la asistencia: también fortalece emocionalmente a quienes dan su tiempo, genera un sentido de propósito y abre una conexión auténtica con otros vecinos del barrio.
Quienes quieran colaborar, donar o sumarse a la iniciativa pueden escribir a: merenderoagronomia@gmail.com. El merendero necesita de todos para seguir sosteniendo un espacio que, en tiempos difíciles, se vuelve indispensable.